El ejercicio durante la quimioterapia o las terapias dirigidas, y después de estas.

Read this page in English


Para el tratamiento de quimioterapia se utilizan medicamentos que debilitan y destruyen las células cancerosas del cuerpo. Debido a que el objetivo de los medicamentos son las células que se dividen rápidamente, las células sanas que lo hacen también pueden verse afectadas, como las de los folículos capilares, de las uñas, de la boca, del tracto digestivo y de la médula ósea (que produce los glóbulos rojos).

Las terapias dirigidas tienen por objetivo algunas características específicas de las células cancerosas, como la proteína que permite que esas células crezcan o se dividan rápidamente. En comparación con los medicamentos de la quimioterapia, por lo general es menos probable que las terapias dirigidas dañen las células sanas.

¿Cuándo puedes hacer ejercicio?

Durante: sí, pero con algunas precauciones:

  • Si experimentas fatiga excesiva, tienes anemia (bajo recuento de glóbulos rojos) o te falta coordinación muscular (ataxia), no hagas ejercicio.
  • Si tienes el sistema inmunitario afectado y el recuento de leucocitos es bajo (menor que 3500 leucocitos por microlitro de sangre), evita ir a gimnasios públicos, a centros de yoga o a otros lugares públicos, hasta que el recuento de leucocitos se eleve a un valor aceptable.
  • Si tienes alguna neuropatía (dolor o adormecimiento debido a lesiones en los nervios periféricos) o sientes cosquilleo en las manos o los pies causado por la quimioterapia, debes tratar de disminuir el riesgo de caerte o lastimarte. Puedes pedirle a alguien que te observe cuando haces ejercicio.
  • Si te administran quimioterapia para tratar el cáncer de mama que se ha propagado a los huesos, tal vez tengas un riesgo más alto de quebrarte un hueso. Quizás debas disminuir la intensidad y duración de la rutina de ejercicios. Habla con el médico sobre los ejercicios que planeas hacer. También puedes hablar con un fisioterapeuta o con un entrenador diplomado, que tengan experiencia en trabajar con sobrevivientes del cáncer de mama.
  • Si te administran quimioterapia o terapia dirigida que pueda provocar afecciones cardíacas, recuerda preguntar al médico o al cardiólogo cómo debes modificar los ejercicios, si fuera necesario, para que sean adecuados para ti. También es conveniente preguntar qué intensidad deben tener los ejercicios. Quizás debas seguir con ejercicios de baja intensidad.
  • Si la Adriamicina (nombre genérico: doxorrubicina) forma parte del tratamiento de quimioterapia, no debes hacer ejercicio el día de la administración y los ejercicios deben ser de baja intensidad (tu frecuencia cardíaca aumentará más de 15 o 20 pulsaciones por encima de la frecuencia cardíaca en reposo) durante las 24 a 48 horas posteriores a la quimioterapia. Esto se debe a que la Adriamicina puede provocar latidos irregulares del corazón durante las 24 horas posteriores a su administración.

Antes de empezar, pide la aprobación del médico. Habla con el médico sobre los ejercicios que deseas hacer y pregúntale si tienes alguna restricción. También es conveniente que consultes a un fisioterapeuta con capacitación en el diagnóstico y tratamiento del linfedema, para que te haga una evaluación estructural antes de comenzar a hacer ejercicio (si no lo consultaste después de la cirugía). Además de examinarte para ver si tienes linfedema, el fisioterapeuta puede buscar otros problemas que no estén relacionados con el cáncer de mama, pero que podrían limitar tu capacidad para hacer ejercicio. Aprende cómo buscar un terapeuta para el linfedema (en inglés).

Si antes del tratamiento hacías ejercicio regularmente, es probable que no puedas hacerlo con la misma intensidad, pero eso no es un problema. Debes hacer lo necesario para mantener el cuerpo fuerte durante el tratamiento. Caminar es una excelente forma de comenzar: es un ejercicio cardiovascular sencillo que pone todo el cuerpo en movimiento.

Algunas investigaciones (en inglés) indican que ciertas mujeres que siguen hormonoterapia pueden tener más probabilidades de caerse que otras mujeres de la misma edad. Toma precauciones para no lastimarte; por ejemplo, usa calzado fuerte para atletismo y haz los ejercicios sobre un tapete acolchado. El ejercicio puede mejorar el equilibrio, ya que fortalece los músculos.

Si tienes dificultad para respirar, o sientes dolor o tensión en el pecho, deja de hacer ejercicios de inmediato. Dile al médico qué te pasó, para que ambos diseñen un plan de movimientos adecuado para ti.

Hacer ejercicio durante la quimioterapia puede ayudar a calmar los efectos secundarios como la fatiga y las náuseas, y puede reforzar el sistema inmunitario. Los efectos secundarios de la quimioterapia a veces pueden hacer más difícil hacer ejercicio, pero trata de mantenerte tan activa como puedas. Recuerda, caminar es una buena forma de comenzar.

Después: sí. Antes de empezar, pide la aprobación de tu médico. Habla con el médico sobre los ejercicios que deseas hacer y pregúntale si tienes alguna restricción. Algunos de los efectos secundarios de la quimioterapia pueden seguir sintiéndose después de la finalización del tratamiento. Entonces, para hacer ejercicio durante la quimioterapia, recuerda estas precauciones:

  • Si estás sumamente cansada, tienes anemia (bajo recuento de glóbulos rojos) o te falta coordinación muscular (ataxia), no hagas ejercicio.
  • Si el recuento de leucocitos es bajo (menor que 3500 leucocitos por microlitro de sangre), no vayas a gimnasios públicos, a centros de yoga o a otros lugares donde haya mucha gente, hasta que el recuento de leucocitos se eleve a un valor aceptable.
  • Si tienes alguna neuropatía (dolor o adormecimiento debido a lesiones en los nervios periféricos) en las manos o los pies, causada por la quimioterapia, debes tratar de disminuir el riesgo de caerte o lastimarte. Si lo deseas, pídele a alguien que haga ejercicio contigo, para estar más segura.
  • Si el riesgo de que te quiebres un hueso es más alto que el promedio, es posible que tengas que hacer ejercicios con menor intensidad o por menos tiempo. Pregúntale al médico sobre los ejercicios que deseas hacer. Es posible que un fisioterapeuta o un entrenador diplomado, que tenga experiencia en trabajar con sobrevivientes del cáncer de mama, pueda darte otros consejos.
  • Si te administraron quimioterapia o terapia dirigida que pueda provocar afecciones cardíacas, no olvides preguntarle al médico o al cardiólogo cuánto tiempo pueden durar los efectos secundarios y cómo debes modificar los ejercicios, si fuera necesario, para que sean adecuados para ti. Es conveniente que le preguntes al médico cuál sería la intensidad adecuada de las rutinas y cuándo puedes aumentarla.

Otras precauciones: si tienes dificultad para respirar, o sientes dolor o tensión en el pecho, deja de hacer ejercicios de inmediato. Dile al médico qué te pasó, para que ambos diseñen un plan de movimientos adecuado para ti.

Si sientes cambios en el brazo, la mano, el tronco, la mama o el hombro, como inflamación, deja de hacer ejercicios con la parte superior del cuerpo y consulta al médico o al especialista en linfedema. Si te diagnosticaron linfedema después del tratamiento del cáncer de mama, debes tomar algunas precauciones antes de hacer ejercicio, por ejemplo usar vestimenta elástica de compresión adecuada o, posiblemente, el uso de guantes protectores. Busca más información sobre hacer ejercicio y linfedema en la sección Linfedema (en inglés).

¿Te ayudó este artículo?

No
C3a
C3b
Evergreen-donate
Volver al inicio