Cómo la terapia de radiación afecta el sistema inmunitario

La terapia de radiación localizada para el cáncer de mama, que trata el área donde se encontró el cáncer, normalmente no tiene un impacto importante en el sistema inmunitario. Los tratamientos de radiación pueden irritar la piel y causar pequeñas aberturas por las que pueden entrar bacterias y gérmenes. Habla con tu médico sobre qué es lo más adecuado para cuidar tu piel. Para obtener más información, visita la página Cómo tratar los efectos secundarios en la piel en la sección Terapia de radiación.

Si recibes terapia de radiación en el área de la axila, donde hay ganglios linfáticos, es posible que se forme tejido cicatricial que dañe los ganglios y los vasos linfáticos. Este efecto puede incrementar el riesgo a un plazo más largo de infecciones en el brazo, la mano y la parte superior del cuerpo, especialmente si también te han extirpado los ganglios linfáticos. La infección en estas zonas puede provocar una condición llamada linfedema, en la que el líquido linfático se acumula en la mano, el brazo y otras áreas, lo que causa inflamación y dolor. Lee más sobre formas de reducir el riesgo de linfedema.

Es más posible que la radiación dañe tu sistema inmunitario si esta se dirige a los huesos, especialmente a los huesos de la pelvis, donde la médula funciona como una fábrica de glóbulos. Algunas mujeres a las que se les ha diagnosticado cáncer de mama metastásico requieren de este tipo de radiación. El efecto de la radiación a los huesos en el sistema inmunitario puede ser similar al de la quimioterapia. En esta situación, podrías tener un recuento bajo de leucocitos e incluso neutropenia. Tu médico puede ordenar recuentos sanguíneos completos para ver tus niveles de leucocitos. Si los niveles son demasiado bajos, tu médico podría tener que ajustar tu tratamiento o recetarte medicamentos que estimulen la producción de leucocitos.


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