El equipo de defensa del sistema inmunitario

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Anticuerpos

Los anticuerpos son proteínas especializadas que produce el cuerpo como respuesta a antígenos específicos. El anticuerpo y el antígeno se atraen y se acoplan como piezas de rompecabezas. De ese modo el anticuerpo puede destruir al antígeno. Los anticuerpos matan a los antígenos de diferentes maneras:

  • los aglutinan para que no puedan moverse; así los macrófagos, un tipo de leucocito, pueden tragárselos.
  • les hacen agujeros para que la parte interior se filtre y mueran.
  • los bloquean y atraen células inmunitarias (macrófagos en particular) como moscas atraídas por la miel. Las células inmunitarias luego los engullen.

Leucocitos

En la sangre y en los tejidos circulan millones de estas células, que ayudan al cuerpo a defenderse de infecciones destruyendo materiales externos y suministrando anticuerpos. Existen cinco tipos principales.

Los linfocitos son los elementos clave del sistema inmunitario. Recuerdan cada antígeno que encontraron antes y brindan un plan de ataque específico contra ese antígeno si vuelve a aparecer en el cuerpo. Los linfocitos circulan y recirculan a través del cuerpo hasta que se los necesita. Existen dos tipos:

  • Las células T reaccionan contra los antígenos solo después de que ciertas células acompañantes especiales se los presentan. Después de conocer a los antígenos, las células T secretan sustancias potentes que atraen a células luchadoras, como macrófagos y otras células de defensa, y las mantienen dispuestas y en combate hasta que la batalla contra las células cubiertas por antígenos se haya ganado. (Piensa en ellas como las porristas en la batalla contra los antígenos). Sin embargo, como ocurre en las guerras reales, algunas batallas quedan empatadas: puede ocurrir que el sistema inmunitario no pueda matar al antígeno totalmente, sino solo atraparlo en una red de fibras de proteínas para que el daño sea mínimo o nulo. Este es un trabajo para las células T: reclutar las células luchadoras que rodeen, cerquen e inmovilicen a un enemigo resistente.
  • Las células B son las células inmunitarias que producen anticuerpos. Tienen buena memoria para sus enemigos y pueden permanecer en el cuerpo durante años, listas para librar una guerra rápida y poderosa siempre que un antígeno que ya hayan conocido vuelva a aparecer. Las vacunas funcionan del siguiente modo: una pequeña porción del antígeno (generalmente) muerto, como de polio, sarampión o gripe, se inyecta en la sangre, lo que estimula a las células B con el fin de que creen anticuerpos para ese antígeno. Luego, si alguna vez te enfrentas a la forma viva del virus o la bacteria, tu cuerpo puede reunir sus defensas con rapidez y producir millones de los anticuerpos que necesita. Sin embargo, si tus células B nunca antes se habían encontrado con ese antígeno en particular, no habrá respuesta de anticuerpos o, al menos, habrá una respuesta mucho más lenta, por lo que el intruso podría ganar terreno.

El segundo tipo principal de leucocitos, los macrófagos, son células grandes que envuelven y digieren microorganismos y otros antígenos.

Los últimos tres tipos de leucocitos son los neutrófilos, eosinófilos y basófilos. Estas células contribuyen a la inflamación, que es la respuesta inmunitaria generalizada inicial.

Órganos principales

  • Timo. Ubicado en el frente de la parte superior del pecho. Actúa como un criadero para el desarrollo de células T.
  • Bazo. Ubicado en la parte superior izquierda del abdomen. Filtra organismos extraños que infectan la sangre, con lo que elimina plaquetas y glóbulos rojos viejos o dañados, almacena sangre adicional y la libera cuando se necesita, y ayuda a formar algunos tipos de leucocitos. El bazo puede extirparse si está dañado, pero esto puede disminuir la resistencia a las infecciones.
  • Médula ósea. Ubicada en medio de tus huesos, más específicamente en las vértebras, la pelvis y los huesos de las piernas. Genera células T, células B y macrófagos (células que viajan a través del cuerpo en la sangre y los líquidos de los tejidos).
  • Ganglios linfáticos. Estos ganglios filtran linfa, para eliminar los antígenos, bacterias y células cancerosas que estén atrapados en su estructura tipo red y donde los macrófagos, los anticuerpos y las células T pueden destruirlos. Hay cientos de ganglios linfáticos ubicados en todo el cuerpo, por lo que destruir algunos ganglios linfáticos durante la cirugía de cáncer de mama no pone en riesgo la protección general que te brindan los ganglios linfáticos

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