Consejos para comunicarte con tu médico

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Una buena comunicación es fundamental para obtener un alivio permanente de cualquier dolor que puedas experimentar debido al cáncer de mama o a su tratamiento. Quizá sea necesario un período de ensayo y error para descubrir los medicamentos y terapias más adecuados y comprobar su eficacia en tu caso. La naturaleza de tu dolor puede cambiar con el tiempo, y esto puede requerir una modificación en el tratamiento.

Los siguientes consejos y recordatorios pueden resultarte útiles para comunicarte con los médicos y enfermeros sobre el tema del dolor:

  • Hablar del dolor que sientes no es quejarse, y tampoco significa que seas un “mal paciente”. No dudes en hablar del dolor que sientes debido a que temes molestar al médico o parecer una persona “quejosa”. Informar el dolor tampoco hará que el médico piense que no eres capaz de soportar un tratamiento estricto. De hecho, obtener ayuda para el dolor posiblemente logre que los tratamientos para el cáncer sean más tolerables y te ayudará a cumplir el plan de tratamiento.
  • Trae tu diario del dolor a las consultas e incluye el dolor en la lista de los temas que deseas tratar. Es fácil olvidarse de hablar sobre el dolor cuando tú y el médico están tan concentrados en los detalles del tratamiento y la recuperación. Y es posible que no sientas ningún dolor mientras estás en el consultorio del médico. Los recordatorios escritos te ayudarán a comunicar cualquier inquietud que tengas sobre el dolor antes de que finalice la consulta.
  • Habla sobre los efectos secundarios que estés dispuesto a tolerar y los que consideras inaceptables. Por ejemplo, los medicamentos conocidos como opiáceos pueden causar somnolencia al comienzo, aunque muchas personas ajustan la medicación y se sienten bien a los pocos días. Si la somnolencia persiste, puede que te impida realizar actividades que necesitas o deseas, y quizás esto te parezca inaceptable. Por otro lado, quizás te parezca más importante el alivio completo del dolor y prefieras tomar los opiáceos y disminuir las actividades según sea necesario. Las preferencias varían de un individuo a otro, de modo que tú y tu médico deben elaborar el plan de control del dolor que sea el adecuado en tu caso.
  • Pregunta cuáles son las maneras de prevenir o tratar cualquier efecto secundario de tu medicamento contra el dolor y qué efectos secundarios ameritan consultar al médico. Por ejemplo, la constipación es un efecto secundario común de los medicamentos opiáceos, por eso generalmente se recomienda tomar dosis regulares de algún laxante para prevenirla. Para cualquier medicamento que te indique el médico, asegúrate de preguntar cuáles son los efectos secundarios más comunes y las estrategias para minimizarlos o aliviarlos. También debes preguntar si existe algún efecto secundario sobre el que debas informar inmediatamente al médico. Por ejemplo, si repentinamente experimentas dificultad para respirar, una erupción o picazón, estos podrían ser indicios de una reacción alérgica grave a un medicamento.
  • Informa si el plan de control del dolor no está funcionando. Hazle saber a tu médico si el dolor no mejora ni desaparece o si el analgésico no hace efecto con la rapidez o durante el tiempo que indicó el médico. Los siguientes son otros indicios de que tu plan necesita un ajuste: experimentar dolor súbito; padecer efectos secundarios molestos que no desaparecen; tener dolor que interfiere con actividades como alimentarse, dormir o trabajar; y tener dificultad para usar el medicamento de determinada forma o según el cronograma indicado. Todos estos son motivos posibles para realizar un cambio.
  • Pregunta qué debes hacer si experimentas dolor entre una consulta y otra. En ocasiones, un analgésico puede dejar de tener el efecto que solía tener. Esto no significa que eres adicto al medicamento o que estás desarrollando inmunidad a él, sino que tu cuerpo se ha vuelto más tolerante a sus efectos. En otros casos, un dolor que antes no constituía un problema puede aparecer o empeorar repentinamente. Pregunta a tu médico qué debes hacer si necesitas ajustar el plan de control del dolor entre una consulta y otra (por ejemplo, si necesitas un nuevo medicamento o una dosis más alta).
  • Acude a las consultas con un familiar o un amigo de tu confianza. Del mismo modo en que un familiar o un amigo pueden ayudarte a recordar los detalles de tu diagnóstico y tu tratamiento, también pueden ayudarte a comprender tu plan de control del dolor. Además, un familiar o un amigo de confianza pueden contribuir a la descripción de cualquier dolor estés experimentando. Sus observaciones sobre el dolor que sientes pueden ser de utilidad para el médico.

Preguntas que debes hacer al médico

La Sociedad Americana del Cáncer sugiere varias preguntas que puedes realizar al médico o enfermero sobre los medicamentos para aliviar el dolor:

  • ¿En qué cantidad debo usar el medicamento? ¿Con qué frecuencia lo debo usar?
  • Si el dolor no se alivia ¿puedo usar más? En caso afirmativo, ¿qué cantidad?
  • ¿Debo llamarlo antes de aumentar la dosis?
  • ¿Qué ocurre si olvido tomarlo o lo tomo demasiado tarde?
  • ¿Debo tomar mi medicamento con alimentos?
  • ¿Cuánto líquido debo beber junto con el medicamento?
  • ¿Cuánto tarda el medicamento en hacer efecto?
  • ¿Es seguro si bebo alcohol, conduzco o manejo maquinaria después de tomar el medicamento?
  • ¿Qué otros medicamentos puedo usar junto con el medicamento para el dolor?
  • ¿Qué medicamentos debo suspender o evitar mientras uso el medicamento para el dolor?
  • ¿Qué efectos secundarios puede causar este medicamento? ¿Cómo puedo prevenirlos? ¿Qué debo hacer si los padezco?

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