Cómo empieza el linfedema

¿Cómo empieza el linfedema? En la actualidad, se cree que, en algunas personas, cuando los tratamientos del cáncer de mama alteran el sistema linfático, la linfa encuentra otras formas de llegar a destino. No se sabe con certeza cómo sucede, pero el cuerpo encuentra una forma de compensarlo. El sistema se adapta al cambio.

En otras personas, los ganglios y los vasos linfáticos restantes no alcanzan para eliminar el líquido, las proteínas y los residuos adicionales que los tejidos necesitan desechar. Además, con menos ganglios linfáticos, las proteínas y los residuos no se filtran de la linfa con la misma eficacia que antes. Muy de a poco, se empiezan a acumular residuos y líquido en los tejidos del brazo, la mano, la mama, el tórax o el torso. Puede ser que esto afecte a una o más de estas zonas. En general, el resultado es un linfedema leve, que puede empeorar si no se lo trata. Al principio, puedes tener una sensación diferente en el brazo o el tórax (hormigueo, molestias, dolor o hinchazón) o tal vez sientas que el sostén, la manga, el reloj o el anillo te aprieten un poco.

En las personas que tienen linfedema, los síntomas suelen aparecer en un plazo de tres años después de la cirugía, aunque en muchos casos aparece entre tres y cinco años después del tratamiento. No hay suficientes estudios a más largo plazo para decir con certeza cuál es el riesgo después de cinco años. Sin embargo, hubo casos de linfedema que aparece muchos años o incluso décadas después del tratamiento

A veces, el desencadenante de los primeros síntomas es un suceso específico, como el uso excesivo del brazo o una lesión en este. Si tu sistema linfático ya tiene complicaciones, estos sucesos pueden “empujar” el cuerpo a un linfedema. Por ejemplo:

  • Supón que en general cocinas para dos personas, pero de repente tienes que cocinar para 20 en un día festivo, o que pasas varias horas trabajando mucho en el jardín un día de calor. Estas actividades aumentan el bombeo de sangre al brazo. Más sangre significa más líquido en los tejidos, y esto a su vez significa que ingresa más linfa al sistema linfático.
  • Digamos que tienes un corte, incluso uno muy pequeño, que permite la entrada de bacterias a la mano o el brazo. La linfa se drena por los ganglios linfáticos de la axila, que se encargan de filtrar las bacterias y de ordenarle al sistema inmunitario que actúe. Pero ahora hay menos ganglios disponibles para esta tarea, de modo que la respuesta inmunitaria es más lenta. Las bacterias tienen la posibilidad de multiplicarse en el líquido linfático, un medio ideal, ya que está lleno de nutrientes que pueden aprovechar. El corte se infecta, y esto satura aún más el sistema linfático. La linfa contiene tantos residuos que empieza a obstruir el sistema. El líquido no puede circular y comienza a acumularse en el tejido.

La doctora Kathryn Schmitz, Ph. D., máster en salud pública (M. P. H.) y profesora de la división de Epidemiología Clínica de la Universidad de Pensilvania, ofrece la siguiente analogía: “Si alguna vez viviste al pie de una colina, sabes lo que pasa con la boca de tormenta durante una tormenta. Las ramas, las hojas y otros restos de los árboles llegan a la boca de tormenta. Todas estas cosas intentan entrar al sistema y se atascan. La calle se empieza a inundar, no solo con agua común, sino con agua sucia y llena de basura. Esa es una buena forma de entender la etapa inicial del linfedema”.


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