Cómo reducir el riesgo de linfedema e inflamación: después de la cirugía

Después de la cirugía, puedes seguir algunas pautas generales para reducir el riesgo de linfedema. Estas precauciones también se aplican si ya te diagnosticaron linfedema pero quieres reducir el riesgo de exacerbación de los síntomas. En esta sección, se revisan algunas medidas básicas y se explica por qué pueden hacer una diferencia. Además, te indicamos algunas cosas que puedes hacer y que no puedes hacer, para que las uses como guía en situaciones diarias específicas.

Si recibiste tratamiento del cáncer de mama algún tiempo atrás y no seguiste estas pautas, no entres en pánico. Nunca es tarde para empezar.

Cómo reducir el riesgo de linfedema poco después de la cirugía

Es posible que el tórax, la axila y el brazo estén doloridos, sensibles y un poco inflamados después de la cirugía de cáncer de mama. Poco después de la cirugía, tendrás que evitar hacer demasiada actividad con el brazo y el hombro afectados, pero en general puedes empezar a usarlos en actividades normales, como peinarte, bañarte, comer y vestirte.

Quizá te visite un fisioterapeuta antes de que te den el alta en el hospital, después de la cirugía. Si no, puedes pedir que te vea uno. Puede ser que el terapeuta te recomiende elevar el brazo afectado unas veces al día, durante las primeras 24 a 48 horas después de la cirugía. En general, esto implica recostarte y apoyar el brazo sobre almohadas inclinadas, para que la mano quede por encima de la muñeca y el codo se encuentre en una posición más elevada que el hombro (esto estimula la circulación de líquido por el brazo). Además, puede enseñarte algunos ejercicios leves de estiramiento y aconsejarte sobre el momento más seguro para empezar a hacerlos.

Pregunta al fisioterapeuta (o a otro profesional médico que te aconseje) si recibió capacitación en prevención y tratamiento de linfedema (consulta Cómo buscar un terapeuta para el linfedema para ver sugerencias de preguntas). De no ser así, este es un buen momento para buscar un terapeuta que se especialice en linfedema, si todavía no lo hiciste. El terapeuta es la persona indicada para aconsejarte sobre cuándo puedes empezar a hacer ejercicio y qué es lo más seguro para ti, y hará un seguimiento a medida que te recuperas.

No hay una recomendación exacta sobre cuándo debes empezar a estirar el brazo y el hombro después de una cirugía. Algunos investigadores sugieren que lo más seguro es evitar los estiramientos que impliquen levantar el brazo por encima de la cabeza, o incluso por encima del hombro, durante los primeros 7 a 10 días. Este estiramiento ejercita la zona de las axilas (o zona axilar) en donde se concentran los ganglios linfáticos.

Después de la primera semana, quizá resulte útil hacer ejercicios leves para restaurar la amplitud total de los movimientos del brazo y el hombro. No hablamos de ejercicios de alta intensidad, sino de movimientos lentos y fáciles que hacen que la linfa vuelva a circular, alivian la inflamación y aumentan la flexibilidad del hombro.

Cada situación es un poco diferente, así que asegúrate de preguntarle a tu terapeuta qué es lo mejor para tu caso.

En seguida y a largo plazo: cinco pautas fundamentales

Semanas, meses y años después de la cirugía, tendrás que tener en cuenta la cantidad de esfuerzo que hagas con la mano, el brazo y la parte superior del cuerpo. La doctora Kathryn Schmitz, máster en salud pública (M. P. H.), profesora en la División de Epidemiología Clínica de la Universidad de Pennsylvania, dice lo siguiente: “Ahora debes prestar atención a las condiciones a las que sometas el brazo, como los cambios repentinos de temperatura, el peso que levantas, los cortes, las quemaduras solares: todo lo que implique tensión para esta parte del cuerpo. Pregúntate cuánto esfuerzo puede aguantar hoy el brazo, durante cuántas horas mantuviste el brazo y la mano en agua jabonosa caliente mientras lavabas los platos, cuántas horas estuviste horneando y limpiando, levantando niños, usando limpiadores agresivos, y si ese día estuviste bajo el sol fuerte”.

Las siguientes pautas pueden ayudarte a minimizar el esfuerzo. Entiende que a veces no puedes seguir cada una de estas pautas y que no es culpa tuya. Por ejemplo, no siempre puedes evitar las picaduras de insectos (pauta 1) ni las temperaturas elevadas (pauta 2). No entres en pánico si esto sucede: un error no significa que automáticamente tendrás linfedema. Solo presta atención al aspecto y la sensación del brazo y la mano, e informa sobre cualquier cambio a tu médico o terapeuta para el linfedema.

Una vez que hayas leído estas pautas, puedes repasar las medidas relacionadas que se encuentran en Lo que puedes hacer y Lo que tienes que evitar.

1. Protege la piel.

La piel es la barrera protectora del cuerpo contra la suciedad y las bacterias presentes en el mundo exterior. Cualquier corte,ya sean grietas pequeñas debido a la sequedad del invierno, una picadura de insecto, una astilla, un padrastro, un pinchazo de aguja, un corte con la afeitadora o una lesión más grave, puede permitir que ingresen bacterias al cuerpo. Protege bien la piel de la mano, el brazo y la axila del lado del cuerpo en el que recibiste tratamiento del cáncer de mama. Si ingresan bacterias a esas zonas, el sistema linfático tendrá que trabajar mucho más para eliminarlas. Al tener menos ganglios linfáticos y vasos que antes, el organismo podría saturarse, y esto produciría una sobrecarga de líquido.

Si notas un corte o una grieta en la piel, lava muy bien la zona con jabón antibacteriano o común, aplica una pomada local antibacteriana como Neosporin o Polysporin (o una pomada equivalente), cubre la herida con una venda o una curita, y pon atención en caso de que haya indicios de infección como enrojecimiento, inflamación, calor en la zona o fiebre. No es necesario buscar atención médica de emergencia, solo usa el sentido común. Habla con tu médico o terapeuta para el linfedema sobre qué debes hacer en caso de que detectes posibles indicios de infección. También ten en cuenta que los primeros síntomas de una infección, como fiebre o fatiga, pueden ocurrir incluso sin que hayas observado ninguna grieta en la piel. Consulta la página Linfedema e infección para obtener más información sobre por qué las infecciones son un problema.

2. Protege el brazo y la mano de los extremos, como el uso y la presión en exceso o las temperaturas demasiado altas o bajas.

Trata de evitar cualquier cosa que (a) cause una mayor producción de linfa que la habitual en los tejidos del cuerpo o (b) impida que la linfa circule libremente fuera de la mano y el brazo. Las altas temperaturas, como la del agua en una bañera de hidromasajes o una ducha muy caliente, provocan que circule más sangre hacia el brazo (piensa en el enrojecimiento de la piel que se produce con frecuencia debido al calor). Lo mismo ocurre cuando haces ejercicio intenso o levantas algo de repente antes de que el brazo esté preparado, lo que puede provocar una distensión o una torcedura del músculo. La presión de un bolso muy pesado o de la ropa y las joyas muy apretadas puede restringir la circulación de linfa fuera de las zonas de la mano, el brazo o el tórax.

3. Trabaja con un especialista en linfedema para elaborar un plan de ejercicios moderados para que con el tiempo fortalezcas el brazo y la parte superior del cuerpo.

De acuerdo con la sabiduría popular, se dice que las personas deben usar el brazo afectado lo menos posible para reducir el riesgo de linfedema. Esto significa no ejercitar el brazo, no cargar bolsos o carteras, no levantar nada que pese más de 5 o 10 lbs, por el resto de sus vidas. Si tenemos en cuenta que un galón de leche pesa más de 8 lbs, esto no es un consejo realista.

Es muy importante evitar hacer mucho esfuerzo con el brazo afectado antes de tiempo. Sin embargo, en las investigaciones más recientes, se indica que es poco probable que un programa de ejercicio moderado con aumento gradual de intensidad incremente el riesgo de linfedema para la mayoría de las mujeres. De hecho, algunos especialistas creen que ayuda a preparar el brazo para manejar las tareas que antes hacías sin pensar, como levantar niños u objetos pesados como las bolsas de las compras. El ejercicio también pone los músculos en movimiento y hace que jadees, lo que estimula la circulación de la linfa. Al principio, tendrás que ir de a poco y observar el brazo con detenimiento para determinar cuánta actividad puede soportar. Es importante trabajar con un especialista en linfedema con experiencia, que pueda armar un programa de ejercicios para la parte superior del cuerpo que se ajuste a tus necesidades. Para obtener más información, consulta Linfedema y ejercicio.

4. Si es necesario, baja de peso.

Las personas obesas o con sobrepeso tienen más probabilidades de tener linfedema. Habla con tu médico o terapeuta para el linfedema sobre elaborar un plan de dieta balanceada y ejercicios para controlar tu peso. Mejor aún, pregúntale si conoce a algún nutricionista que te pueda ayudar con un plan de alimentación. Muchos hospitales y centros de tratamiento del cáncer cuentan con nutricionistas. Consulta la sección sobre Nutrición de Breastcancer.org para obtener más información.

5. Aprende a reconocer los indicios y síntomas de linfedema y obtén ayuda inmediata si se presenta alguno.

Incluso los cambios leves en la sensación o el aspecto del brazo, la mano o la parte superior del cuerpo pueden indicar linfedema incipiente. Al principio, estos cambios pueden aparecer y desaparecer, lo que hace que no parezcan nada grave. Además, pueden ocurrir incluso si sigues todas las pautas para reducir el riesgo de linfedema.

En palabras del experto

“Si es posible, vale la pena consultar a un especialista en medicina física u otro especialista que pueda enseñarte a usar tu cuerpo de la forma más segura y completa. Las cosas que antes hacías automáticamente (cargar las compras, hacer yoga, jugar al tenis) ahora las tienes que hacer con precaución y cuidado, hasta que conozcas la forma en que las manejará tu cuerpo. Procura trabajar con alguien que conozca la forma en la que tu cuerpo ‘se mueve y se deja llevar’ y que pueda ayudarte a volver gradualmente al estado que tenías antes”.

— Dra. Marisa Weiss, directora médica, Breastcancer.org

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