El ejercicio como tratamiento para el linfedema

Independientemente de si antes de tener linfedema hacías ejercicio frecuente con el brazo y la parte superior del cuerpo, es probable que el ejercicio sea una parte importante del plan de tratamiento. En el pasado, con frecuencia se aconsejaba a las mujeres que evitaran hacer ejercicio con el brazo, por temor a que esto empeorara el linfedema. Ahora las investigaciones demuestran que, si las mujeres empiezan a ejercitar de a poco con la supervisión de un terapeuta para el linfedema y con cuidado de no esforzar demasiado el brazo, es poco probable que el ejercicio empeore el linfedema. Algunos estudios sugieren que quizá cumpla una función en la reducción de las exacerbaciones del linfedema.

Por ejemplo, un estudio (en inglés) recibió mucha atención: el Estudio sobre actividad física y linfedema (PAL). En el estudio PAL, se descubrió que el entrenamiento de fuerza era seguro para la mayoría de las mujeres en riesgo de tener linfedema o con linfedema ya diagnosticado, y que en algunos casos incluso podría reducir la cantidad de exacerbaciones de los síntomas. En una parte del estudio PAL, los investigadores seleccionaron a más de 140 sobrevivientes de cáncer de mama con linfedema estable y les asignaron (a) los cuidados habituales sin cambio en el nivel de ejercicio o (b) entrenamiento de resistencia para todo el cuerpo, dos veces por semana, con aumento gradual del peso y repeticiones hechas en grupos bajo supervisión en un principio y, luego, por cuenta propia. Se descubrió que las mujeres del grupo de entrenamiento con pesas no tenían mayor riesgo de presentar inflamación en el brazo. También tuvieron una menor incidencia de exacerbaciones del linfedema (14 % en el grupo de ejercicio, en comparación con el 29 % del grupo de referencia), según la evaluación de un terapeuta para el linfedema certificado.

Según la Declaración de posición sobre el ejercicio (en inglés) de la National Lymphedema Network, la mayoría de las mujeres con linfedema puede hacer ejercicio con el brazo afectado u otra parte del cuerpo de forma segura, siempre y cuando hagan lo siguiente:

  • usen prendas de compresión
  • no ejerciten el brazo ni otra parte del cuerpo afectada hasta el cansancio
  • hagan las modificaciones adecuadas para evitar traumatismos y el uso en exceso

Cómo diseñar tu plan de ejercicios

Trabaja con el terapeuta para personalizar un plan que satisfaga tus necesidades y se adapte a tu estado físico actual. La regla general es empezar de a poco, adquirir fuerza de forma gradual y observar la respuesta del brazo o la parte superior del cuerpo para determinar si estás ejercitando demasiado. Ten en cuenta que el cuerpo de cada persona responde al ejercicio de diferentes formas. Un ejercicio que una mujer hace sin problemas podría empeorar tus síntomas, de la misma forma en que algo que a ti te ayuda podría lastimar a otra persona.

En un principio, es probable que el terapeuta para el linfedema te indique hacer ejercicios moderados de estiramiento y amplitud de movimiento para que los músculos se contraigan y se relajen, lo que contribuye a la circulación de la linfa, y también para fortalecer el sistema linfático. “Entre algunos ejemplos se incluye cerrar y abrir la mano; girar las muñecas; o extender y flexionar el codo despacio”, dice la doctora Andrea Cheville de Mayo Clinic.

Una vez que se hayan aliviado los síntomas y el linfedema esté estable, puede ser que se amplíe el plan de ejercicios para que incluya yoga moderado (al principio deberás excluir posiciones que pongan peso sobre la parte superior del cuerpo), natación o levantamiento de pesas livianas, según el consejo del terapeuta certificado para el linfedema. En general, se recomienda una combinación de actividades aeróbicas, de estiramiento y de flexibilidad pero, como ya dijimos antes, el plan debe ser personalizado. Si tienes metas de estado físico más ambiciosas, el terapeuta puede ayudarte a elaborar un plan para cumplirlas. Mientras haces ejercicio, debes usar los vendajes, una manga u otras prendas de compresión.

Otros consejos:

  • Durante la actividad y después de esta, presta atención al brazo, la mano y la parte superior del cuerpo para detectar algún cambio en el tamaño, la forma, el tejido, la textura, el dolor, la pesadez o la firmeza. Cualquier cambio podría ser un indicio de que debes hacer menos esfuerzo en una actividad en particular, tomar un descanso o detenerte por completo. Si el cambio dura más de unos pocos días, consulta al médico o al terapeuta.
  • Ten en cuenta que no todos los programas de ejercicio para las sobrevivientes de cáncer satisfarán tus necesidades e incluso podrían ser peligrosos. Muchos centros de bienestar, gimnasios y hospitales ofrecen programas de ejercicios específicos para sobrevivientes de cáncer. Revisa por adelantado cualquier programa que estés considerando o muéstraselo a tu terapeuta. Incluso si lo promocionan como “rehabilitación del cáncer”, puede ser que no esté diseñado para satisfacer las necesidades de las personas con riesgo de tener linfedema.
  • Si no tienes acceso a un médico o un terapeuta con experiencia en linfedema, ya sea debido a tu ubicación o el costo, consulta con otro fisioterapeuta o proveedor de asistencia médica. Habla con esta persona sobre tus preocupaciones relacionadas con el linfedema y tus planes de comenzar a hacer ejercicio. Quizá quieras compartir la Declaración de posición sobre el ejercicio de la National Lymphedema Network para empezar.

Para obtener más información sobre el proceso de elaboración de un plan de ejercicios, consulta la sección Linfedema y ejercicio.


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