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El yoga parece disminuir la fatiga, disminuir la inflamación en mujeres con diagnóstico

Un pequeño estudio indica que practicar yoga durante tan solo 3 meses puede disminuir la fatiga y la inflamación en mujeres con diagnóstico de cáncer de mama en etapa temprana.

La investigación se publicó en la edición en línea del 27 de enero de 2014 de Journal of Clinical Oncology (Revista de oncología clínica). Lee el resumen de “Yoga’s Impact on Inflammation, Mood, and Fatigue in Breast Cancer Survivors: A Randomized Controlled Trial” (El impacto del yoga en la inflamación, el estado de ánimo y la fatiga en sobrevivientes del cáncer de mama: un ensayo controlado aleatorizado) (en inglés).

El tratamiento contra el cáncer de mama puede ser muy intenso para el cuerpo. Muchas mujeres informan que se sienten estresadas y exhaustas durante el tratamiento y después de él. Cuando el cuerpo se estresa, tiende a inflamarse como respuesta. La inflamación crónica está relacionada con numerosos problemas, como cardiopatías, diabetes, artritis y casi todos los trastornos inmunes.

Los estudios pequeños anteriores indican que el yoga puede mejorar la calidad de vida, así como disminuir los problemas de sueño en mujeres con diagnóstico de cáncer de mama. Entonces, los investigadores que realizaron el estudio querían saber si el yoga también podía ayudar a reducir la inflamación y la fatiga.

El estudio involucró a 200 mujeres con diagnósticos de cáncer de mama en estadios 0 a IIIA. Las mujeres tenían entre 27 y 76 años y habían tenido su última cirugía o tratamiento de radiación entre 2 meses y 3 años antes. Ninguna de estas mujeres había hecho yoga en su vida.

Los investigadores asignaron al azar a las mujeres a una de las siguientes opciones:

  • dos clases de hatha yoga de 90 minutos por semana en grupos pequeños durante 12 semanas
  • inclusión en una lista de espera para las clases de yoga

Si bien las mujeres asistían a solo dos clases de yoga por semana, los investigadores las alentaban a practicar las posturas en su hogar. Las mujeres hacían un seguimiento del tiempo total por semana que practicaban yoga.

Los investigadores medían los niveles de inflamación de las mujeres al medir los niveles de tres proteínas en la sangre que son marcadores de inflamación:

  • interleucina 6
  • interleucina 1 beta
  • factor de necrosis tumoral alfa

Los investigadores también medían sus niveles de fatiga, vitalidad, niveles de energía, calidad de sueño, actividad física, estados de ánimo y hábitos alimenticios mediante encuestas estándares.

Todas estas variables se midieron antes de comenzar las clases de yoga, 6 meses después de que comenzara el estudio (cuando terminaron las clases de yoga) y 3 meses después de que comenzara el estudio (3 meses después de que las clases de yoga terminaran).

En general, en comparación con las mujeres que estaban en la lista de espera, las mujeres que hicieron las clases de yoga tenían niveles de inflamación menores y puntuaciones más altas de vitalidad.

Tres meses después de que comenzara el estudio, al final de las clases de yoga, en comparación con las mujeres en la lista de espera, las mujeres del grupo de yoga mostraban lo siguiente:

  • un 41 % menos de fatiga
  • un 12 % más de puntuación de vitalidad
  • un 11 % menos de niveles de interleucina 6
  • un 15 % menos de niveles de interleucina 1 beta
  • un 10 % menos de niveles de factor de necrosis tumoral alfa

Seis meses después de que comenzara el estudio, tres meses después de que terminaran las clases de yoga, en comparación con las mujeres en la lista de espera, las mujeres del grupo de yoga mostraban lo siguiente:

  • un 57 % menos de fatiga
  • entre un 13 y 20 % menos de niveles de inflamación

Cuando los investigadores observaron la cantidad de tiempo que las mujeres practicaban yoga, descubrieron que las que lo hacían durante más tiempo por semana tenían niveles incluso menores de fatiga e inflamación, así como niveles mayores de vitalidad. Estas mujeres también informaron que dormían mejor que las mujeres en la lista de espera.

El yoga (la palabra "yoga" significa “unión”) es un sistema de principios y prácticas que se originó en la India hace 5 000 años. Yoga incorpora ejercicio, estiramiento, respiración y meditación con la intención de fusionar la mente, el cuerpo y el alma. Uno de los tipos más comunes de yoga es el hatha yoga, que usa posturas físicas y técnicas de respiración para aumentar la fuerza, la flexibilidad y el bienestar. Hatha yoga fue el tipo utilizado en el estudio.

Si experimentas fatiga o inflamación debido al tratamiento de cáncer de mama, quizás debas hablar con tu médico sobre el yoga para ver si es lo adecuado para ti y tu situación particular. Si piensas hacer yoga, considera una clase con un instructor que esté familiarizado con las necesidades especiales de pacientes de cáncer de mama. Un instructor con experiencia puede personalizar las posturas para que se adapten a las limitaciones físicas que tengas debido a tu tratamiento. Algunas pacientes de cáncer de mama pueden tener problemas en los brazos y los hombros que pueden empeorar con algunas posturas de yoga.

En las páginas Medicina complementaria y psicosomática de Breastcancer.org, puedes aprender más, como lo siguiente:

  • qué puedes esperar
  • cómo buscar un terapeuta calificado
  • factores importantes que debes considerar antes de probar una técnica

Y mantente conectada a Breastcancer.org para leer sobre la investigación científica más reciente sobre técnicas de medicina complementaria y psicosomática.


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