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Informe especial: El impacto de la COVID-19 en el tratamiento del cáncer de mama

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La pandemia de la COVID-19 ha afectado prácticamente cada aspecto de la vida, incluidos los estudios de detección, el diagnóstico, el tratamiento y los cuidados complementarios del cáncer de mama. Las personas con diagnóstico de cáncer de mama y quienes presentan un alto riesgo de sufrir esta enfermedad se han visto en una posición inusualmente difícil y, en ocasiones, alarmante desde el inicio de la crisis del coronavirus. Muchas de estas personas se preguntan si es seguro asistir a ciertas consultas médicas o si deberían posponer tratamientos o exámenes de detección. Otras han tenido que aplazar o cambiar su tratamiento.

En este informe especial de Breastcancer.org, hemos recopilado la información más importante que necesitas saber sobre el impacto que el coronavirus ha tenido en el tratamiento del cáncer de mama. Incluimos por qué algunos tratamientos pueden elevar el riesgo de complicaciones graves de la COVID-19, las medidas que los centros de salud han aplicado para minimizar la exposición de los pacientes al virus cuando buscan atención médica y cómo recibir el mejor cuidado posible incluso si tu plan de tratamiento ha cambiado.

Responde esta breve encuesta para personas que tienen o han tenido cáncer de mama y comparte tu experiencia con COVID-19.

Esta es una historia en desarrollo y se actualizó por última vez el 29 de julio de 2020.

La primera ola. Retrasos e interrupciones generalizados en el tratamiento del cáncer de mama

El 11 de marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que la COVID-19 se había transformado en una pandemia; es decir, una enfermedad propagada en varios continentes. Al poco tiempo, en Estados Unidos se declaró una emergencia nacional. A medida que comenzaron a aplicarse los primeros cierres y muchos escuchábamos por primera vez el término “distanciamiento social”, miles de estadounidenses recibieron noticias aún más preocupantes: se les había diagnosticado cáncer de mama.

Nancy Richards, de 67 años, residente de Barnstable, Massachusetts, fue una de estas personas. En marzo descubrió que sufría un carcinoma ductal invasivo. Como era su segundo diagnóstico de cáncer de mama, rápidamente decidió qué hacer sin la necesidad de investigar mucho al respecto.

“Dado que me lo diagnosticaron justo al comienzo de la pandemia, aceleramos rápidamente todo el proceso —señala—. En solo dos semanas, pasé del diagnóstico a la cirugía”.

El día de la cirugía (una mastectomía doble sin reconstrucción), Nancy tuvo que ir al hospital sola. No se permitían visitas.

“Mi esposo tuvo que dejarme y recogerme frente al hospital, como si entregara un paquete. Eso fue bastante difícil”, señala.

Para evitar que se viera expuesta a la COVID-19, le dieron el alta médica inmediatamente después de la cirugía, y casi todos sus cuidados complementarios se brindaron por teléfono.

Al igual que Nancy, Maria D'Alleva, de 43 años, residente de Eagleville, Pensilvania, también se enteró de que tenía un carcinoma ductal invasivo justo cuando comenzaba la crisis de la COVID-19. Su cirugía se pospuso de marzo a junio, y no pudieron hacerle la cirugía que originalmente deseaba: una mastectomía doble con reconstrucción autógena inmediata (en la que se emplea tejido de otra parte del cuerpo para crear las mamas reconstruidas).

Durante los primeros meses de la pandemia, muchos hospitales suspendieron los procedimientos de reconstrucción mamaria. Esto se debió a que las autoridades de salud pública recomendaban que las cirugías programadas (es decir, no urgentes) se pospusieran, y, en ese momento, la reconstrucción mamaria se consideraba una cirugía programada.

Si Maria quería realizarse su cirugía en marzo, el cirujano le señaló que solo se le podría extirpar la mama con cáncer (una mastectomía simple) sin hacerle una reconstrucción.

“No quería quedar completamente plana, esperar a recuperarme y después someterme a algún tipo de reconstrucción —señaló—. “Para evitar tener que atravesar más procedimientos y recuperaciones, opté por esperar”.

Dado que se le diagnosticó un cáncer de mama positivo para receptores de hormonas, Maria pudo tomar tamoxifeno, un medicamento de hormonoterapia, para evitar que el cáncer creciera mientras esperaba el momento de la cirugía. Sin embargo, con el tiempo, decidió cambiar el plan original y pudo programar una mastectomía doble con reconstrucción inmediata y expansores de tejidos para comienzos de junio. Tiene planeado realizarse los implantes mamarios después del proceso de expansión.

“Me pareció más prudente extirparme el cáncer de mama en vez de seguir esperando la reconstrucción autógena —señaló—. Estamos pasando por un momento de locura”.

Como hemos podido ver en este tiempo, las experiencias de Nancy y Maria no son inusuales. En todo el país, la pandemia de la COVID-19 ha generado retrasos e interrupciones en el tratamiento de las personas con cáncer de mama (ya sea con diagnóstico reciente, en pleno tratamiento, con supervivencia prolongada, o bien que viven con cáncer de mama metastásico), lo cual añade un nivel adicional de ansiedad e incertidumbre a una situación que ya es desafiante.

¿Por qué la COVID-19 retrasó los tratamientos del cáncer de mama?

En el mes de marzo, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid (CMS) y los Gobiernos locales y estatales recomendaron que los sistemas sanitarios retrasaran los procedimientos programados, es decir, cirugías, exámenes de detección y otros tratamientos que no fueran urgentes o no se consideraran una emergencia. Los hospitales comenzaron a cancelar algunas cirugías y a limitar otros servicios para evitar que las personas se vieran expuestas a la COVID-19 y también para ahorrar recursos como camas hospitalarias, equipos de protección personal, sangre y productos hemoderivados, y el tiempo del personal, de manera que se pudieran destinar al cuidado de pacientes gravemente enfermos con COVID-19.

Organizaciones médicas como:

  • el Colegio Americano de Cirujanos (ACS)
  • la Sociedad Americana de Cirujanos de Mama (ASBrS)
  • la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO)
  • la Sociedad Americana de Cirujanos Plásticos (ASPS)
  • la Sociedad Americana de Radiooncología (ASTRO)
  • el Colegio Americano de Radiología (ACR)
  • la Red Nacional Integral del Cáncer (NCCN)
  • la Sociedad de Imagenología Mamaria (SBI)

así como un grupo recientemente formado llamado “COVID-19 Pandemic Breast Cancer Consortium” (Consorcio del Cáncer de Mama para la Pandemia de la COVID-19), han emitido recomendaciones para ayudar a los proveedores de atención médica a tomar decisiones relacionadas con la gestión y priorización de la atención de pacientes con cáncer de mama durante la pandemia.

“El tiempo dirá si tomamos las decisiones correctas para proteger del virus a nuestras pacientes y controlar el cáncer de mama”, señala la Dra. Jill Dietz, FACS, cofundadora del Consorcio, presidenta de la Asociación Americana de Cirujanos de Mama (ASBrS) y profesora adjunta de Cirugía en la Facultad de Medicina de la Universidad Case Western Reserve en Cleveland, Ohio. “Recibir un diagnóstico de cáncer de mama es aterrador en cualquier momento, pero ahora es especialmente difícil. Me siento muy mal por las personas que deben someterse a un tratamiento del cáncer de mama durante la pandemia y me siento mal por los médicos a quienes se les ha dicho que no pueden ejercer su trabajo como normalmente lo hacen”.

Los médicos se fijan en la situación y el diagnóstico específicos de cada persona a la hora de decidir cómo avanzar con el tratamiento del cáncer de mama durante la pandemia. Por ejemplo, se fijan si la persona corre un mayor riesgo de enfermar gravemente si se infectara con el virus de la COVID-19 debido al debilitamiento en su sistema inmunitario a causa de tratamientos como la quimioterapia o la terapia dirigida, o bien debido a su edad u otros problemas médicos.

Los centros de salud han adoptado prácticas de seguridad más estrictas para reducir el riesgo de exponer a las personas a la COVID-19. Además, se han modificado muchos planes de tratamiento del cáncer para que las personas no tengan que permanecer mucho tiempo en dichas instalaciones. Se ha ampliado el tiempo entre consultas médicas para evitar un contacto cercano entre las personas, son cada vez más las consultas que se realizan por teléfono o Internet, y se ha reducido la duración de las hospitalizaciones tras una cirugía. En algunos casos, se requieren menos consultas en persona para completar la quimioterapia o terapia de radiación.

Sin embargo, es posible que no todas las opciones de tratamiento habituales se encuentren disponibles para las personas con cáncer de mama durante la pandemia. Durante el segundo trimestre del año, por ejemplo, es posible que las personas hayan tenido que esperar semanas o meses para someterse a determinadas cirugías de cáncer de mama, a menos que tuvieran un diagnóstico de un tipo de cáncer de mama agresivo. Además, los estudios mamarios de imágenes solo se encontraban disponibles para casos urgentes, se restringió el acceso a nuevos tratamientos mediante estudios clínicos y, en algunos centros, no se ofrecían procedimientos de conservación de la fertilidad.

La Dra. Donna-Marie Manasseh, jefa de la división de Cirugía Mamaria y directora del Programa de Cáncer de Mama en el centro Maimonides Medical Center de Brooklyn, Nueva York, señaló que los cambios en los planes de tratamiento han sido estresantes tanto para pacientes como para proveedores de atención médica. Sin embargo, quiere que las personas con cáncer de mama sepan que los proveedores de atención médica están tomando sus decisiones en forma cuidadosa con el objetivo de brindar la mejor atención y cuidado posibles en estas circunstancias.

“No es que los pacientes de COVID-19 sean más importantes que las pacientes con cáncer de mama —señala—. Estamos trabajando en forma consciente para determinar cuáles son las medidas adecuadas que debemos tomar por nuestras pacientes con cáncer de mama, y esto incluye protegerlas de la COVID-19 y tratar el cáncer”.

En mayo, cuando se detectó una disminución en los casos de COVID-19 en el país, los CDC y otras autoridades de salud señalaron que los sistemas sanitarios debían considerar volver a prestar atención médica programada. Así, en muchas partes de los Estados Unidos, durante los meses de mayo y junio comenzaron a realizarse cirugías, exámenes de detección y otros procedimientos que se habían suspendido. Sin embargo, a finales de junio y comienzos de julio, volvieron a aplicarse restricciones a los procedimientos programados en áreas donde se produjeron nuevos brotes, como Arizona, Texas y Florida. A medida que la situación evoluciona, en algunos hospitales se siguen realizando cambios al tratamiento del cáncer de mama.

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Riesgos de la COVID-19 específicos para las personas con cáncer de mama

La mayoría de las personas infectadas con el virus que causa la COVID-19 presentarán síntomas respiratorios leves o moderados, y se recuperarán sin la necesidad de tratamiento especial u hospitalización. Algunas personas no presentarán ningún tipo de síntoma.

Es importante saber que el hecho de recibir un diagnóstico de cáncer de mama no aumenta en forma automática el riesgo de sufrir complicaciones graves si se enferma de COVID-19.

Sin embargo, es posible que las personas que están en tratamiento del cáncer de mama corran un mayor riesgo de sufrir complicaciones graves de la COVID-19 si están inmunodeprimidas debido al tratamiento (es decir, si tienen debilitado el sistema inmunitario) o si tienen algún problema en los pulmones.

Los siguientes tratamientos del cáncer de mama pueden debilitar el sistema inmunitario:

  • todos los medicamentos para quimioterapia estándar, como Taxol (nombre genérico: paclitaxel), Taxotere (nombre genérico: docetaxel), Cytoxan (nombre genérico: ciclofosfamida) y carboplatino
  • algunas terapias dirigidas, como Ibrance (nombre genérico: palbociclib), Kisqali (nombre genérico: ribociclib), Verzenio (nombre genérico: abemaciclib) y Piqray (nombre genérico: alpelisib)

Por lo general, el sistema inmunitario se recupera en un par de meses después de dejar de recibir quimioterapia o terapia dirigida. Sin embargo, el tiempo de recuperación del sistema inmunitario de cada paciente puede variar y depende de varios factores. Si recibiste estos tratamientos en el pasado, no corres necesariamente un mayor riesgo de sufrir complicaciones graves de la COVID-19. Si estás recibiendo tratamiento con estos medicamentos por un cáncer de mama metastásico, es probable que tu sistema inmunitario esté debilitado.

Algunos medicamentos empleados en la quimioterapia y la terapia dirigida también pueden provocar problemas pulmonares, que podrían exponer a las personas a un mayor riesgo de complicaciones de la COVID-19. Algunos tipos de inflamación pulmonar grave, aunque poco frecuentes, se han vinculado al uso de Ibrance, Kisqali, Verzenio y al medicamento de inmunoterapia Tecentriq (nombre genérico: atezolizumab).

Las personas con cáncer de mama metastásico en los pulmones también pueden sufrir problemas pulmonares que podrían empeorar si tienen COVID-19.

Algunas personas con cáncer de mama podrían presentar otros factores de riesgo de padecer complicaciones graves de la COVID-19. Por ejemplo, el riesgo es mayor si cumples las siguientes condiciones:

  • tienes más de 65 años
  • padeces enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC)
  • tienes una afección cardiaca grave
  • tienes diabetes tipo 2, enfermedad renal crónica o anemia drepanocítica
  • sufres obesidad

Las investigaciones sobre la COVID-19 y el cáncer son limitadas, por lo que no resulta claro cómo la COVID-19 podría afectar a las personas con diagnóstico de cáncer. Tampoco es claro de qué manera los diferentes tipos de cáncer podrían afectar el desenlace clínico de un caso de COVID-19.

Para proporcionar más información, investigadores de la Universidad Vanderbilt iniciaron un proyecto llamado COVID-19 and Cancer Consortium (Consorcio sobre la COVID-19 y el cáncer, o CCC19) para hacer un seguimiento del desenlace clínico de adultos en todo el mundo con diagnóstico de cáncer que se infectaron con el virus de la COVID-19. En este proyecto, participan más de 100 centros especializados en cáncer y otras organizaciones.

El primer informe de este proyecto se publicó en la revista científica Lancet el 28 de mayo de 2020 e incluyó información sobre 928 personas con diagnóstico de cáncer en España, Canadá y los Estados Unidos a quienes también se les diagnosticó COVID-19. El cáncer de mama representó el tipo de cáncer más común en el grupo, ya que afectaba a cerca del 20 % de las personas. La mitad de los pacientes tenía más de 66 años, y el 30 % tenían más de 75 años.

Cerca del 13 % de las personas que participaron en el estudio fallecieron, lo que representa cerca del doble de la tasa de mortalidad de todas las personas con COVID-19. Un mayor riesgo de fallecer entre las personas con cáncer y COVID-19 se vinculó a los mismos factores de riesgo de las personas con COVID-19 pero sin cáncer, por ejemplo:

  • tener edad avanzada
  • sufrir afecciones subyacentes graves, como diabetes, enfermedad renal o problemas cardiacos
  • ser hombre

Sin embargo, los investigadores también detectaron factores de riesgo propios de las personas con diagnóstico de cáncer, por ejemplo:

  • presentar un cáncer activo (medible) o en crecimiento
  • presentar una baja puntuación para el estado funcional ECOG, que mide la capacidad de una persona con cáncer de funcionar, cuidar de sí misma y realizar actividad física

El tipo de cáncer y los tratamientos para el cáncer no parecieron afectar el riesgo de fallecer producto de la COVID-19. Si te preocupa mucho la forma en que tus tratamientos específicos del cáncer de mama podrían afectar tu recuperación de la COVID-19, habla con tu médico y decidan en conjunto qué tratamiento les da una mayor tranquilidad a ambos.

En otros estudios pequeños en los que se observó a personas con cáncer de mama en hospitales de Francia y la Ciudad de Nueva York, se obtuvieron similares resultados alentadores: la mayoría de las personas con cáncer de mama que se infectaron con el virus de la COVID-19 se recuperaron del virus, y las afecciones médicas subyacentes parecieron aumentar el riesgo de complicaciones de la COVID-19 más que los tratamientos del cáncer de mama.

Hay que recordar que a los científicos les tomará tiempo realizar suficientes investigaciones para comprender en forma cabal cómo un diagnóstico de cáncer influye en el desenlace clínico de una infección por el virus de la COVID-19.

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De qué manera está cambiando la atención médica para mantener a las personas más seguras

Como cualquier persona que haya ido a una clínica o un hospital en los últimos meses sabrá, la pandemia está cambiando la forma en que se brinda atención médica. Los centros de salud, independientemente de su tipo y tamaño, están tomando nuevas medidas para evitar que los pacientes y el personal se contagien con COVID-19.

“Todos sabemos que la COVID-19 no desaparecerá; por lo tanto, lo que tratamos de hacer es adaptarnos a esta nueva normalidad de manera que podamos limitar la exposición en el hospital y limitar la exposición del personal”, señala la Dra. Julie Sprunt, FACS, cirujana especialista en mamas de Texas Breast Specialists en Austin, Texas.

Entre las nuevas estrategias en materia de seguridad que adoptaron los centros de salud, se incluyen las siguientes:

Exámenes de detección de síntomas de COVID-19

Se te preguntará por teléfono antes de la consulta, y también cuando asistas a ella, si tienes síntomas de COVID-19, si estuviste en contacto cercano con alguien que tenga COVID-19 o si estás esperando el resultado de una prueba de COVID-19.

En algunos hospitales o centros médicos, se hacen estas preguntas y, con un escáner de temperatura, se toma la temperatura de cada persona en la puerta antes de su ingreso.

Uso obligatorio de mascarilla

En muchos centros de salud, todas las personas (pacientes y miembros del personal) deben utilizar mascarilla en todo momento.

Mayor uso de la telemedicina

Actualmente se está realizando un mayor número de consultas médicas a través de la telemedicina, ya sea por teléfono o en videollamadas, en vez de en persona. Medicare, Medicaid y la mayoría de las aseguradoras privadas ahora ofrecen cobertura para consultas de telesalud. Algunas aseguradoras han dejado de cobrar copagos y deducibles para algunas consultas.

Sin embargo, es importante saber que, en función de las leyes del estado en que vivas, podrían aplicarse limitaciones a la hora de solicitar una segunda opinión o de definir los cuidados que recibirás, a través de la telemedicina, de un médico ubicado en otro estado. Es posible que debas solicitar una derivación formal por escrito de un médico en tu propio estado; de lo contrario, tal vez no puedas hacer una interconsulta con un médico que no esté autorizado a ejercer en el estado donde vives.

Distanciamiento físico

Para evitar que las personas estén muy cerca entre sí, los centros de salud han comenzado a agregar más tiempo entre las consultas, a hacer que la gente espere fuera o en el vehículo en vez de hacerlo en las salas de espera, y a distanciar más a las personas en los centros de infusiones.

Prueba de COVID-19 antes de una cirugía o quimioterapia

Hoy en día, los pacientes para quienes se programa una cirugía deben realizarse una prueba de COVID-19 antes de la intervención. Si el resultado de la prueba es positivo, se pospondrá la cirugía, incluso si la persona no presenta síntomas de COVID-19. El objetivo de esto es proteger al equipo quirúrgico de la exposición a la COVID-19 y proteger al paciente del riesgo de sufrir complicaciones tras la cirugía debido a la COVID-19. En algunos centros médicos, también se realizan pruebas de COVID-19 a las personas antes de administrarles tratamientos de quimioterapia. Si la prueba de COVID-19 es positiva, es probable que el paciente no reciba el tratamiento de quimioterapia hasta que se le realice otra prueba y el resultado sea negativo. Con esto se busca proteger a los pacientes de complicaciones graves de la COVID-19 cuando la quimioterapia ha debilitado su sistema inmunitario.

Hospitalizaciones más cortas

Actualmente, en los hospitales el alta médica tras una cirugía se da mucho antes que en el pasado. A algunas personas se les da el alta médica el mismo día y, a otras, después de permanecer solo una o dos noches en el hospital. De esta forma se reduce el riesgo de exposición a la COVID-19 en el hospital. Al acortar la hospitalización, se liberan camas y otros recursos que podrían ser necesarios para pacientes con COVID-19. De esta forma, las personas pueden pasar una mayor parte de su tiempo de recuperación junto a sus seres queridos, ya que es posible que en algunos hospitales no se permitan visitas.

La atención que los cirujanos solían ofrecer en persona tras cirugía hoy, con frecuencia, se brinda a través de la telemedicina. Por ejemplo, los cirujanos usan videollamadas para ver si la incisión presenta signos o síntomas de infección, y para enseñarles a los pacientes a retirarse el drenaje quirúrgico.

Límite de visitas

A algunas personas no se les ha permitido llevar acompañantes al ingresar a una clínica, hospital o centro de infusión, y, en ocasiones, no se permiten visitas durante las hospitalizaciones. Se han hecho excepciones para personas que necesitan asistir a las consultas o procedimientos acompañadas de un cuidador debido a problemas cognitivos o síntomas graves. “Lamentablemente, es mucho pedirle a una persona con cáncer de mama que nadie la acompañe durante la noche en el hospital”, indica la Dra. Sprunt.

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¿Cómo ha modificado la COVID-19 el tratamiento del cáncer de mama?

La pandemia ha afectado muchos aspectos del tratamiento del cáncer de mama en los Estados Unidos y el resto del mundo. Desde el 28 de abril al 7 de junio, más de 600 personas contaron de qué manera la COVID-19 había afectado su tratamiento del cáncer de mama en una encuesta que Breastcancer.org realizó por Internet.

De las personas encuestadas (de las cuales el 83 % vivían en los Estados Unidos y el 42 % estaban en tratamiento), aprendimos lo siguiente:

  • Hubo retrasos en diversos aspectos del tratamiento del cáncer de mama, incluidas consultas clínicas periódicas (32 %), controles mediante estudios de imágenes (14 %), mamografías periódicas (11 %), reconstrucciones (10 %), terapias de radiación (5 %), hormonoterapias (5 %), mastectomías (5 %) y quimioterapias (4 %). Cerca del 30 % indicaron no haber experimentado retrasos.
  • Cerca del 30 % de las personas indicaron que habían decidido o considerado retrasar el tratamiento o cambiar sus propios planes de tratamiento debido a su preocupación de contraer COVID-19.
  • Cerca del 11 % indicaron que la COVID-19 había afectado su deseo o capacidad de recibir una segunda opinión.
  • También fueron comunes otras afecciones vinculadas a un mayor riesgo de complicaciones de la COVID-19: el 30 % reportó obesidad, el 28 % tenía asma, el 15 % sufría una afección coronaria, y el 14 % tenía diabetes.
  • Cerca del 80 % indicó sentir algún grado de ansiedad respecto de que su atención se viera afectada por la pandemia.
  • Más de la mitad (58 %) ha empleado la telemedicina, y cerca del 45 % señaló que las consultas virtuales le parecieron útiles y eficaces.
  • Cerca del 67 % de las personas indicaron estar satisfechas o muy satisfechas con la calidad de la atención que recibían.
  • Cerca del 26 % de las personas encuestadas indicaron que ellas o un familiar habían perdido el trabajo, y cerca del 42 % señalaron que a ellas o a un familiar se le habían reducido las horas de trabajo.

Nuestros resultados son similares a los obtenidos por la Sociedad Americana Contra el Cáncer (ACS) a partir de la reciente encuesta realizada a más de 1.200 personas con diversos diagnósticos de cáncer. En la encuesta de la ACS, el 87 % de las personas señalaron que su atención médica se vio afectada de alguna manera desde comienzos de mayo, un aumento en comparación con el 51 % en abril. Los cambios más frecuentes para quienes se encontraban en tratamiento estuvieron relacionados con consultas en persona con el proveedor de servicios para el cáncer (57 %), servicios de estudios de imágenes (25 %) y cirugías (15 %).

Casi 1 de cada 4 personas que respondieron la encuesta de la ACS indicó que le había sido más difícil comunicarse con un proveedor de atención médica, y 1 de cada 5 señaló que le preocupaba que el cáncer creciera o regresara debido a interrupciones en su cuidado. El 46 % de las personas encuestadas señalaron que su capacidad para costear la atención se había visto afectada por problemas financieros, y el 23 % señalaron que les preocupaba perder el seguro médico.

A continuación, se presenta información más detallada sobre cómo cambió la atención y el cuidado de las personas con cáncer de mama durante los primeros meses de la pandemia.

Cirugía y reconstrucción mamaria

Desde el inicio de la pandemia, muchas personas con cáncer de mama han experimentado cambios en su tratamiento quirúrgico y planes de reconstrucción en centros médicos de distintas partes de los Estados Unidos.

Ciertos procedimientos se han pospuesto. Las mastectomías y lumpectomías se han realizado sin mayores demoras en el caso de pacientes que requerían cirugía en forma urgente. Por ejemplo, algunas personas con tipos de cáncer de mama más agresivos, como el cáncer de mama triple negativo o el positivo para HER2, pudieron programar una mastectomía o lumpectomía si el médico había determinado que era el mejor plan de tratamiento en su caso. A algunas personas con otros tipos de cáncer de mama se les ofreció la opción de realizarse una lumpectomía o una mastectomía sin demasiada demora. Sin embargo, es posible que la reconstrucción inmediata (es decir, una reconstrucción que se realiza durante la misma intervención que la mastectomía) no sea posible mientras se pospongan las cirugías programadas. Aun así, en estas situaciones, algunos hospitales permiten que las personas que cumplen con ciertos criterios puedan realizarse sin retraso una reconstrucción inmediata con un expansor de tejidos, o bien un implante mamario.

“Las reconstrucciones se pospusieron no solo para ahorrar recursos en el hospital, sino también para proteger a los pacientes”, señaló la Dra. Robin M. Ciocca, cirujana oncóloga de mama de Main Line Health en Wynnewood, Pensilvania. “La reconstrucción inmediata puede aumentar la duración de la estancia en el hospital, aumentar el tiempo de recuperación e incrementar el riesgo de complicaciones de la cirugía, todo lo cual buscamos evitar cuando también se corre el riesgo de una exposición a la COVID-19”.

Cuando hubo que retrasarla, se usó tratamiento antes de la cirugía (tratamiento neoadyuvante). Muchas personas que tuvieron que esperar semanas o meses para una lumpectomía o mastectomía recibieron hormonoterapia, quimioterapia o terapias dirigidas (según el diagnóstico) mientras esperaban. El tratamiento realizado antes de la cirugía (que los médicos denominan “tratamiento neoadyuvante”) puede lentificar o detener el crecimiento del cáncer, y podría reducir el tamaño de algunos tumores. Durante la pandemia, en los Estados Unidos, los tratamientos neoadyuvantes se están empleando más a menudo de lo habitual.

Además de algunas mastectomías, lumpectomías y cirugías de reconstrucción inmediata, los procedimientos indicados a continuación se pospusieron en varios casos:

  • reconstrucción diferida con expansor de tejidos, implante de mama o colgajo de tejido autógeno (que se realiza un tiempo después de una mastectomía o lumpectomía, y después de realizados otros tratamientos del cáncer de mama)
  • cirugías complementarias o correctivas de reconstrucción mamaria, como procedimientos para reemplazar expansores de tejidos por implantes mamarios, así como procedimientos para corregir la asimetría
  • consultas para llenar expansores de tejidos
  • mastectomías preventivas (profilácticas) para reducir el riesgo de sufrir cáncer de mama en mujeres con una mutación genética y otros factores de riesgo que suponen un alto riesgo de padecer cáncer de mama

Los cambios en los planes de tratamiento quirúrgico llevaron a que algunas personas necesitaran más cirugías en términos generales. La Dra. Dhivya Srinivasa, cirujana plástica y miembro del cuerpo académico de Cedars-Sinai en Los Ángeles, señaló que algunos de sus pacientes necesitaron someterse a un segundo procedimiento porque no se les pudo hacer la cirugía que deseaban al comienzo de la pandemia.

“Tengo una paciente a quien se le iba a realizar una mastectomía simple y quería una reconstrucción mamaria [autógena] con colgajo de perforante de la arteria epigástrica inferior profunda (DIEP). Era una candidata perfecta para el procedimiento. Sin embargo, dado que la cirugía se realizaría a fines de marzo, cuando no podíamos efectuar la reconstrucción con colgajo, se le colocó un implante para luego realizarle una cirugía adicional con colgajo DIEP en el mes de junio”, señala.

Dos de sus pacientes, que habían planeado realizarse una lumpectomía y una reducción mamaria en una sola operación, tuvieron que someterse a los procedimientos en dos operaciones separadas. “Fue lamentable para estas personas, que tuvieron que realizarse varias cirugías, pero las órdenes del estado no dejaban otra opción”, señala la Dra. Srinivasa.

Muchos hospitales comenzaron a realizar cirugías programadas sin retrasos en los meses de mayo y junio, pero esto sigue cambiando a medida que la situación evoluciona.

“Las restricciones iniciales para las cirugías programadas eran adecuadamente amplias producto de la crisis sanitaria generada por la pandemia; sin embargo, a medida que pasaron los meses y se estabilizaron las condiciones, creo que debemos volver a dar la atención habitual a nuestros pacientes”, señala la Dra. Elisabeth Potter, cirujana plástica de Austin, Texas, y profesora asociada del Departamento de Cirugía y Cuidado Perioperatorio de la Facultad de Medicina Dell, de la Universidad de Texas en Austin.

La Dra. Potter señala que, incluso en áreas con picos de casos de COVID-19, los cirujanos pueden trabajar con los administradores de los hospitales para promover la realización de cirugías sin retrasos cuando ello redunde en el mayor beneficio médico del paciente.

Terapia sistémica (quimioterapia, hormonoterapia, terapia dirigida e inmunoterapia)

Las personas que debían comenzar a recibir quimioterapia, hormonoterapia, inmunoterapia o terapia dirigida, o que debían continuar con alguno de estos tratamientos, pudieron hacerlo mayoritariamente sin retrasos, si bien hubo que realizar ajustes en los planes de tratamiento.

Las consultas con oncólogos a menudo se realizaron por telemedicina en vez de en persona, y los oncólogos pospusieron algunas consultas si consideraban que era seguro hacerlo.

El Dr. Brian Wojciechowski, oncólogo médico de los hospitales Riddle, Taylor y Crozer del condado de Delaware, Pensilvania, y asesor médico de Breastcancer.org, señaló que durante marzo y abril atendía en persona principalmente a pacientes que presentaban problemas urgentes, por ejemplo, alguien que hubiera detectado un nuevo bulto en una mama. “Sin embargo, retrasamos las consultas presenciales con pacientes cuando consideramos que hacerlo no causaría daño ni supondría un riesgo —señaló—. Por ejemplo, en el caso de sobrevivientes de cáncer de mama a largo plazo que normalmente veo para controles habituales cada alrededor de seis meses, podíamos retrasar la consulta unos tres meses”.

Estos son otros ejemplos de cómo han cambiado los tratamientos:

  • Como ya se mencionó, algunas personas cuya mastectomía o lumpectomía se retrasó durante semanas o meses recibieron hormonoterapia, quimioterapia o terapia dirigida antes de la cirugía. Esta estrategia puede evitar que el cáncer avance y podría llegar a reducir el tamaño de los tumores.
  • En algunos centros oncológicos, se pidió que los pacientes se hicieran una prueba de COVID-19 antes de un tratamiento de quimioterapia. Si el resultado de la prueba es positivo, en la mayoría de los casos no recibirán quimioterapia hasta que el resultado de una prueba posterior sea negativo. Con esto, se busca proteger a los pacientes de complicaciones graves de una infección por el virus de la COVID-19 debido a estar inmunodeprimidos a causa de la quimioterapia.
  • En algunos casos, los tratamientos de quimioterapia que requerían visitas semanales a un centro de infusión se cambiaron por una visita cada tres semanas si ello no representaba un cambio en la eficacia del tratamiento.
  • A quienes recibían quimioterapia a menudo se les recetaron medicamentos de factor de crecimiento, como Neulasta (nombre genérico: pegfilgrastim), para aumentar el recuento de glóbulos blancos y reducir su vulnerabilidad a complicaciones graves si se veían infectados por el virus de la COVID-19.
  • En los centros de infusión se implementaron cambios para mantener la seguridad de las personas, por ejemplo, se distanciaron las horas de las consultas, se atendía a los pacientes en salas de infusión privadas o en puestos ubicados con una mayor separación entre sí de la habitual, no se permitían visitas, y se consultaba a todas las personas para detectar síntomas de COVID-19 antes de que ingresaran. Asimismo, a algunas personas se les comenzaron a realizar análisis de laboratorio habituales (como análisis de sangre) en otros sitios, de manera que las visitas en los centros de infusión fueran más breves.
  • En algunos centros oncológicos se han implementado “consultorios junto a la acera” para que las personas reciban servicios como inyecciones y extracciones de sangre en su propio vehículo.
  • En algunos casos, las personas tratadas con agonistas de GnRH administrados mediante inyección, como Zoladex (nombre genérico: goserelina) o Lupron (nombre genérico: leuprolida), dejaron de recibir el tratamiento en una clínica y comenzaron a recibirlo en su propio hogar, o bien comenzaron a recibir dosis diferentes con menor frecuencia. Algunas personas señalaron que tuvieron problemas para recibir la inyección a tiempo o en los centros de salud donde normalmente la recibían.

Alexea Gaffney, de 39 años, residente de Stony Brook, Nueva York, es una sobreviviente de cáncer de mama a quien se le recetó Zoladex, una hormonoterapia que suprime la función de los ovarios para reducir el riesgo de volver a sufrir (recurrencia) cáncer de mama positivo para receptores de hormonas. Hasta el comienzo de la pandemia, cada mes recibía inyecciones de Zoladex en un centro oncológico local. En marzo, comenzó a tener dificultades para programar consultas para recibir la inyección. El centro oncológico contaba con menos personal de lo habitual debido a que algunos de sus miembros se habían reasignado para tratar a pacientes de COVID-19.

Ese mes, Alexea menstruó, lo cual no habría ocurrido si hubiera podido recibir la inyección a tiempo. A fines de marzo, finalmente pudo recibir una dosis de Zoladex para tres meses, en vez de uno, pero experimentó efectos secundarios que no había tenido con su dosis habitual.

“Es muy estresante no recibir a tiempo el medicamento que uno necesita en forma regular —señaló—. Comencé a pensar cosas como: ‘Si menstrúo, significa que estoy produciendo estrógeno y progesterona, lo que podría fomentar el crecimiento del cáncer”.

Terapia de radiación

Durante la pandemia, muchas personas con diagnóstico de cáncer de mama que tenían programado el inicio de una terapia de radiación recibieron el tratamiento sin demora.

“Más pacientes han buscado acelerar los tratamientos para finalizar la terapia de radiación lo antes posible y reducir así cualquier exposición posible a la COVID-19”, señaló la Dra. Marisa Weiss, directora médica y fundadora de Breastcancer.org, y directora del Departamento de Radiooncología Mamaria del Lankenau Medical Center en Wynnewood, Pensilvania.

Las terapias de radiación aceleradas (o hipofraccionadas) implican menos sesiones con mayores dosis de radiación en cada una en comparación con los métodos antiguos. En los últimos años, estos tratamientos acelerados se han vuelto un nuevo estándar de atención en terapias de radiación para muchas personas.

Por ejemplo, el tratamiento tradicional de irradiación en toda la mama es de una sesión al día, cinco días a la semana, durante un periodo de cinco a siete semanas. El régimen acelerado estándar de irradiación en toda la mama incluye dosis diarias mayores, cinco días a la semana, durante un periodo de tres a cuatro semanas. Durante la pandemia de la COVID-19, se han considerado regímenes de irradiación en toda la mama aún más cortos.

En la radiación de mama parcial, se aplican dosis diarias mayores en un área más pequeña de la mama durante un periodo más corto. Por ejemplo, se puede administrar dos veces al día durante cinco días o una vez al día, cinco días a la semana, durante un periodo de entre una y dos semanas.

Las personas que se iban a someter a cirugía o a un tratamiento de quimioterapia antes de la terapia de radiación, pero para las cuales se retrasaron esos tratamientos, tuvieron que posponer la terapia de radiación. Asimismo, por lo general se pospuso la terapia de radiación de las personas con resultado positivo de COVID-19. Sin embargo, en el caso de pacientes que enfermaron de COVID-19 durante la terapia de radiación, el tratamiento por lo general siguió adelante, aunque con algunas precauciones adicionales.

Muchas consultas con oncólogos radioterapeutas se realizaron por telemedicina en vez de en persona, incluidas las consultas de pacientes nuevos o controles de seguimiento.

“Nunca he visto en persona a mi oncólogo radioterapeuta”, señaló Suzy McKee, de Walnut Creek, California, a quien se diagnosticó un carcinoma ductal invasivo en noviembre de 2019 y se administró terapia de radiación en abril de 2020. “Incluso durante las sesiones de terapia de radiación, mi oncólogo radioterapeuta aparecía en un monitor mientras yo estaba en la sala de exploración. Solo interactué con los técnicos”.

Suzy pensó retrasar el inicio de la terapia de radiación, pero el oncólogo radioterapeuta le dijo que el retraso podría seguir extendiéndose debido a la pandemia. Así que optó por el tratamiento acelerado de terapia de radiación. “Sentía que tenía que terminarlo de una vez”, mencionó.

“La mayoría de los pacientes quieren entrar y salir del Departamento de Radiooncología lo más rápido posible. Para ello, intentamos minimizar los tiempos de espera y ofrecemos estacionamiento junto a la entrada. También ofrecemos controles habituales por telemedicina, si corresponde”, señaló la Dra. Weiss. “Además, tranquilizamos a los pacientes respecto de la ausencia de COVID-19 en nuestro departamento y sobre todas las medidas de seguridad que implementamos”.

Conservación de la fertilidad

Desde marzo hasta mayo, algunas mujeres que iban a comenzar el tratamiento de quimioterapia y deseaban conservar la fertilidad no pudieron recibir tratamientos para ese fin o les fue difícil recibirlos.

La quimioterapia puede destruir los óvulos en los ovarios, de manera que la conservación de la fertilidad es una opción importante para las mujeres premenopáusicas que deben recibir quimioterapia y desean tener un hijo biológico en el futuro. Las opciones de conservación de la fertilidad incluyen el congelamiento de óvulos sin fecundar, la fecundación de óvulos con espermatozoides y su congelamiento como embriones, o el uso de otros tratamientos, como el congelamiento de tejido ovárico o la supresión de la función ovárica.

Las clínicas de fertilidad permanecieron cerradas durante un poco más de dos meses en varias de las áreas con más casos de COVID-19, como la Ciudad de Nueva York. En algunas ciudades más pequeñas, las clínicas de fertilidad que cerraron sus puertas para la población general no contaban con los recursos necesarios para mantenerse abiertas solo para pacientes con cáncer que necesitaban tratamientos de conservación de la fertilidad. Varias personas en esas áreas optaron por desplazarse a clínicas de fertilidad ubicadas en ciudades más grandes que habían permanecido abiertas. Algunas personas tuvieron que superar otros obstáculos para recibir tratamientos de conservación de la fertilidad.

“Sé de una paciente que no pudo realizarse un procedimiento de extracción de óvulos porque, aun sin tener síntomas, tuvo un resultado positivo en COVID-19”, señaló la Dra. Terri Lynn Woodard, directora de Oncofertilidad y profesora adjunta de Oncología Ginecológica y Medicina Reproductiva del MD Anderson Cancer Center de la Universidad de Texas en Houston, Texas. “En nuestra institución, decidimos que ofreceríamos tratamientos de conservación de la fertilidad a pacientes con resultados positivos en COVID-19 que no presentaran síntomas. Pero esa situación aún no se nos ha presentado”.

Weslinne Cespedes, de 30 años, residente de Brooklyn, Nueva York, no pudo realizarse un procedimiento de conservación de la fertilidad debido al momento en que recibió el diagnóstico de cáncer de mama. Después de enterarse en marzo de que sufría cáncer de mama triple negativo en estadio III, inicialmente pensó realizarse una criopreservación de óvulos antes de iniciar la quimioterapia. Sin embargo, las clínicas de fertilidad que contactó estaban cerradas en ese momento, y su equipo médico del Dubin Breast Center en Mount Sinai no quería que retrasara la quimioterapia.

“Fue triste, especialmente porque estaba comprometida y siempre pensamos tener hijos —señaló—. Decidimos que, si eso era los que Dios quería, Él haría que sucediera. Por ahora nos estamos ocupando de mi salud y sabremos si aún soy fértil cuando todo haya terminado”.

Weslinne comenzó el tratamiento de quimioterapia en abril y aún recibe inyecciones de Zoladex como parte de su tratamiento, que podría ayudarla a conservar la fertilidad. Zoladex suprime en forma temporal la función de los ovarios, lo que potencialmente protege los óvulos contra los fármacos empleados en la quimioterapia.

Si tienes dificultades para acceder a servicios de conservación de la fertilidad durante la pandemia, comunícate con la Alliance for Fertility Preservation (Alianza por la Conservación de la Fertilidad) o el Oncofertility Consortium (Consorcio de Oncofertilidad) de la Universidad Northwestern. Estas organizaciones pueden ayudarte a encontrar clínicas de fertilidad que estén abiertas.

Estudios clínicos

Desde marzo hasta mayo, se inscribieron menos personas de lo habitual en estudios clínicos de tratamientos del cáncer de mama. Los centros médicos optaron por limitar las nuevas inscripciones de participantes para evitar la exposición a la COVID-19 y preservar equipos de protección personal y otros recursos. Además, gran parte del personal sanitario se encontraba dedicado a estudios clínicos para tratamientos contra la COVID-19. Al mismo tiempo, muchas personas simplemente optaron por no participar en estudios clínicos a causa de la pandemia.

En los centros médicos donde se cerró la inscripción de nuevos participantes a estudios clínicos, se otorgaron excepciones a personas sin opciones de tratamiento salvo la ofrecida en el estudio o si su participación en este se consideraba la mejor opción de tratamiento disponible.

La mayoría de los estudios clínicos continuaron para quienes ya estaban inscritos cuando comenzó la pandemia. Aun así, muchas políticas y requisitos se modificaron para que la participación en los estudios fuera más segura y sencilla. Los participantes podían solicitar el envío de los medicamentos administrados por vía oral a sus respectivos hogares en vez de tener que asistir al centro médico. También podían realizarse los análisis de sangre en una clínica cercana a su domicilio en vez de ir a un centro médico, posponer la realización de algunos estudios de imágenes de seguimiento y cambiar ciertas consultas en persona por consultas a través del método de telemedicina.

“Podemos aprovechar las lecciones que aprendimos durante la pandemia para aumentar la inscripción en estudios clínicos en el futuro”, señaló la doctora y magíster en Ciencias Dawn Hershman, profesora de Medicina y Epidemiología, y directora del Programa de Cáncer de Mama del Herbert Irving Comprehensive Cancer Center del Columbia University Medical Center en la Ciudad de Nueva York. “Aprendimos a facilitar la participación de los pacientes, en especial de aquellos que trabajan o tienen otros compromisos”.

A partir de junio, la mayoría de los centros médicos dejaron de limitar la inscripción de participantes nuevos en estudios clínicos. Los médicos consideran que las personas con cáncer de mama no deberían dejar que la pandemia les impida considerar participar en un estudio.

“Si sufres una enfermedad en estadio avanzado, siempre deberías considerar los estudios clínicos como una opción de tratamiento, incluso durante la pandemia”, señaló el Dr. Steven Isakoff, doctorado, oncólogo médico del Programa de Cáncer de Mama y director adjunto de investigación clínica del Massachusetts General Hospital Cancer Center en Boston. “Actualmente hay numerosos estudios y tratamientos nuevos prometedores”.

Estudios de detección de cáncer de mama

Desde mediados de marzo hasta comienzos de junio, varios centros de radiología y estudios de imágenes en los Estados Unidos dejaron de realizar mamografías sistemáticas a personas sin síntomas.

Los estudios de imágenes efectuados por motivos distintos de síntomas se retrasaron durante esos meses si el equipo médico lo consideraba seguro. Por ejemplo, se retrasaron los estudios de imágenes de seguimiento de las personas que habían finalizado su tratamiento del cáncer de mama, no presentaban síntomas nuevos y se consideraba que tenían un bajo riesgo de recurrencia. En algunos casos también se aplazaron los estudios de imágenes de seguimiento realizados para profundizar la investigación sobre resultados de mamografías sistemáticas.

En términos generales, la realización de biopsias y estudios de imágenes continuó para pacientes de mayor riesgo si presentaban un bulto o absceso en la mama, o una secreción sanguinolenta del pezón. En áreas donde se concentraba la mayor cantidad de casos de COVID-19, como la Ciudad de Nueva York, los estudios de imágenes se suspendieron por un breve periodo incluso para pacientes de alto riesgo.

Ahora que la mayoría de los centros de radiología y estudios de imágenes han vuelto a ofrecer mamografías sistemáticas, los médicos señalan que esperan que las personas que deben realizarse estudios de detección sistemáticos, o que deberían habérselos realizado antes, programen sus mamografías lo antes posible. Al retrasar las mamografías por mucho tiempo, se corre el riesgo de que el diagnóstico de cáncer de mama se haga cuando la enfermedad ya se encuentre un estadio avanzado, cuando es más difícil de tratar.

“Me preocupa que algunas mujeres aún siguen aplazando sus mamografías de detección porque temen enfermar de COVID-19”, señaló la Dra. Kara-Lee Pool, radióloga de mama de RAD-AID International en Los Ángeles. “Las mujeres deben saber que mientras los centros de estudios de imágenes y sus empleados sigan precauciones básicas, como el uso de mascarilla obligatorio, el lavado de manos frecuente y el control de síntomas antes del ingreso, el riesgo de transmisión en áreas donde no hay picos de casos es mínimo, y los beneficios que ofrecen los estudios de detección sobrepasa los riesgos”.

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Cómo recibir el cuidado y el apoyo necesarios durante la pandemia

Si estás recibiendo tratamiento del cáncer de mama durante la pandemia de la COVID-19, las dudas y cambios en el tratamiento podrían dejarte con una sensación de frustración y confusión. Estos son algunos consejos para estos tiempos difíciles:

  • No pospongas el tratamiento por temor a contraer COVID-19 en una clínica u hospital. Los médicos con los que hablamos han señalado que tienen confianza en que los beneficios de recibir atención superan los riesgos.

    “La cirugía, la reconstrucción y el tratamiento del cáncer de mama son seguros en este momento. Además, si tienes cáncer de mama, es necesario tratarlo. De lo contrario, avanzará. Sería trágico que el temor a la COVID-19 impida que las mujeres reciban el tratamiento del cáncer de mama que necesitan”, señaló la Dra. Potter.

    Si te genera nervios atenderte, hablar con el equipo a cargo de tu tratamiento sobre las precauciones que están adoptando podría tranquilizarte. También podrías consultar acerca de cambiar el lugar de atención si se trata de un hospital con muchos pacientes con COVID-19 o que comparten la misma entrada. Tal vez puedas recibir el tratamiento en otra instalación separada del centro donde se tratan a los pacientes con COVID-19.
  • Pídele a un amigo o familiar que te acompañe en forma virtual a las consultas médicas. Ya que es posible que no puedas llevar acompañantes a las consultas médicas en persona, pídele a un amigo o familiar que te acompañe por teléfono o video. “Las personas valoran mucho tener a un ser querido a su lado a través de FaceTime o Zoom que ofrezca apoyo emocional y pueda actuar como un segundo par de oídos”, señala la Dra. Sprunt. También recomienda grabar la llamada (si el médico lo autoriza) para poder escucharla después.
  • Comprende los desafíos que tu equipo médico podría estar atravesando. Durante la pandemia, los médicos han tenido que hacer frente a numerosos desafíos, incluida la pérdida de miembros del personal, adaptarse a nuevas formas de comunicación con los pacientes y atender a pacientes con COVID-19. Es posible que tus médicos tengan que retrasar o cambiar aspectos de tu tratamiento por factores que escapan a su control. Sin embargo, es razonable esperar que te mantengan al corriente y respondan tus preguntas.
  • Pide una segunda opinión si sientes que no estás recibiendo una buena atención o si tienes dificultades para recibir ciertos tratamientos. Es posible que, si cambias miembros en tu equipo médico o te atiendes en un centro médico ubicado en otra zona, puedas recibir la atención que tu equipo original no pudo darte.

    “Si buscas un tipo de reconstrucción mamaria específico y un equipo o centro de salud te indica que no es posible hacerla debido a la pandemia, tal vez puedas encontrar otro equipo que siga practicando ese tipo de reconstrucción”, señaló la Dra. Srinivasa.

    No obstante, cambiar de médico es una decisión que se debe tomar con mucho cuidado. Antes de hacer cambios en tu atención, asegúrate de que un equipo con el mismo nivel de capacitación pueda ofrecerte el procedimiento o el tratamiento que necesitas.
  • Cuida tu salud mental. Si sientes ansiedad o depresión, programa una consulta virtual con un profesional de salud mental o busca un grupo de apoyo para personas con cáncer de mama que se reúna por videollamada. Hacer frente a un diagnóstico de cáncer y a las disrupciones adicionales al tratamiento y la vida diaria provocadas por la pandemia puede ser muy estresante. Hablar de lo que sientes con alguien que comprenda por lo que estás pasando puede ayudar a que la situación sea más manejable.

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¿El sistema sanitario está mejor preparado para los picos de casos de COVID-19?

Aún no está claro cómo los picos de nuevos casos de COVID-19 podrían afectar los estudios de detección y el tratamiento del cáncer de mama de aquí en adelante. En comparación con el inicio de la pandemia, es posible que ahora el sistema sanitario esté mejor equipado para hacer frente a picos en los casos de COVID-19 sin mayores interrupciones en los tratamientos del cáncer.

“Me sorprendería que nos volviéramos a encontrar en una situación en la que no podamos realizar algunas operaciones de cáncer de mama ahora que se hacen más pruebas de COVID-19 y que tenemos una mayor comprensión de cómo se podrían ver afectadas las cadenas de suministro de los equipos de protección personal y otros suministros médicos —señala la Dra. Sprunt—. Creo que estaremos mejor preparados para futuros picos que puedan suceder”.

Al analizar planes de tratamiento con sus pacientes, la Dra. Manasseh toma en consideración la posibilidad de que se pueda producir un aumento significativo de casos de COVID-19 en el último trimestre del año. Recientemente le aconsejó a una paciente que estaba programando una cirugía que no esperara hasta ese trimestre. “Estamos coordinando esfuerzos para pensar en qué situación se encontrarán los planes de tratamiento de las personas en ese momento del año”, señala la Dra. Manasseh.

Los médicos con los que conversamos también han señalado que, a la larga, algunos de los cambios en los tratamientos del cáncer de mama que se produjeron debido a la pandemia podrían, en última instancia, mejorar la atención y reducir los costos. Por ejemplo, las hospitalizaciones más breves y el uso de la telemedicina para las consultas son cambios positivos que posiblemente perduren. La Dra. Hershman indicó que los cambios realizados en su hospital para evitar la aglomeración de pacientes permitieron que estos recibieran atención y se marcharan más rápido cuando asistían para recibir inyecciones o realizarse análisis de sangre.

“Hemos cambiado radicalmente la forma en que ejercemos nuestra profesión; ahora somos mucho más eficientes”, señaló la Dra. Dietz. “Es posible que algunas de estas mejoras en la eficiencia beneficien a los pacientes en el futuro”, agregó.

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Cómo mantenerse alerta para mantenerse a salvo

A medida que la pandemia avanza durante el tercer y el cuarto trimestres, y los estados levantan los confinamientos y comienzan a permitir la reapertura de tiendas y negocios, es posible que se pierda un poco la costumbre del lavado constante de manos, de mantener distancia de otras personas en público y de usar mascarilla. Los psicólogos denominan “fatiga de precaución” a esta reacción.

“Podemos perder la sensibilidad al estrés y a las advertencias constantes”, señala Jackie Gollan, doctorada, profesora adjunta de Psiquiatría y Ciencias de la Conducta, y psicóloga clínica de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern en Chicago. “Nuestro cerebro se ajusta a las alarmas para reducir el estrés y, luego, nos toma más tiempo responder a advertencias o comenzamos a ignorarlas”.

Sin embargo, la pandemia dista de estar terminada. No contamos con tratamientos aprobados por la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA) para la COVID-19 ni con vacunas para prevenirla. A los proveedores de atención médica y a las autoridades de salud les preocupa que las personas interpreten la reapertura de tiendas y negocios como una señal de que el riesgo de contraer COVID-19 es menor.

“Animo a quienes se encuentran en tratamiento del cáncer de mama a que no bajen la guardia a medida que se produce la reapertura en el país —señala el Dr. Isakoff—. Hemos visto lo que puede ocurrir cuando hay focos de casos en algunas partes del país. Sigue usando mascarilla y lávate las manos. Presta atención a las precauciones de seguridad, incluso a medida que aumenta la movilidad y la interacción con los demás”.

Y agregó que no dudes comunicarte con tu equipo médico si sientes algún cambio en tu afección o síntomas, o si deseas hablar sobre tus inquietudes relacionadas con la COVID-19.

“La comunidad de proveedores de atención médica dedicados al cáncer de mama está a tu disposición; no hemos dejado de trabajar y queremos asegurarnos de que recibas la mejor atención posible, así que no demores en pedir ayuda si tienes algún problema”, agregó.

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Quédate con nosotros mientras en Breastcancer.org seguimos cubriendo esta historia en desarrollo.

Para consultar preguntas frecuentes, episodios de podcast y videos sobre la COVID-19 y el cáncer de mama, lee nuestro artículo “Coronavirus (COVID-19): What People With Breast Cancer Need to Know” (Coronavirus (COVID-19): qué deben saber las personas con cáncer de mama) (en inglés).

Queremos saber cómo la pandemia de la COVID-19 ha afectado tu vida y tu tratamiento. Participa en la conversación en los foros de discusión de la comunidad de Breastcancer.org y dinos cómo estás manejando esta situación en la etapa de tratamiento o supervivencia al cáncer.

Escrito por: Jen Uscher, colaboradora

Información adicional de: Cheryl Alkon, colaboradora; Jamie DePolo, editora sénior; Adam Leitenberger, director editorial

Este informe especial fue desarrollado con aportes de los siguientes expertos:

Dr. Benjamin O. Anderson, profesor de Cirugía y Medicina y Salud Global en la Universidad de Washington, Seattle, Washington

Dra. Robin M. Ciocca, cirujana oncóloga de mama de Main Line Health, Wynnewood, Pensilvania

Dra. Jill Dietz, FACS, presidenta de la Asociación Americana de Cirujanos de Mama (ASBrS) y profesora adjunta de Cirugía en la Facultad de Medicina de la Universidad Case Western Reserve, Cleveland, Ohio

Jackie Gollan, doctorada, profesora adjunta de Psiquiatría y Ciencias de la Conducta, y psicóloga clínica de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern en Chicago, Illinois

Doctora y magíster en Ciencias Dawn Hershman, profesora de Medicina y Epidemiología, y directora del Programa de Cáncer de Mama del Herbert Irving Comprehensive Cancer Center del Columbia University Medical Center en la Ciudad de Nueva York, Nueva York

Dr. Steven Isakoff, doctorado, oncólogo médico del Programa de Cáncer de Mama y director adjunto de investigación clínica del Massachusetts General Hospital Cancer Center en Boston, Massachusetts

Dra. Donna-Marie Manasseh, jefa de la división de Cirugía Mamaria y directora del Programa de Cáncer de Mama en el centro Maimonides Medical Center de Brooklyn, Nueva York

Kaitey Morgan, RN, BSN, CRNI, directora de Calidad y Estándares de la National Infusion Center Association (NICA), Austin, Texas

Dra. Kara-Lee Pool, radióloga de mama del RAD-AID International, miembro de la Sociedad de Imagenología Mamaria (SBI), Los Ángeles, California

Dra. Elisabeth Potter, cirujana plástica con consultorio privado en Austin, Texas, y profesora asociada del Departamento de Cirugía y Cuidado Perioperatorio de la Facultad de Medicina Dell, de la Universidad de Texas en Austin.

Dr. Chirag Shah, oncólogo radioterapeuta especializado en mama, director de Investigación Clínica en el Departamento de Radiooncología de Cleveland Clinic en Cleveland, Ohio

Dra. Julie Sprunt, FACS, cirujana especialista en mamas de Texas Breast Specialists, en Austin, Texas

Dra. Dhivya Srinivasa, cirujana plástica y miembro del cuerpo académico de Cedars-Sinai en Los Ángeles, California

Dra. Amy Tiersten, directora clínica de Oncología Médica de Mama y profesora de la división de Hematología y Oncología Médica de la Facultad de Medicina Icahn de Mount Sinai en Nueva York, Nueva York

Lori Uscher-Pines, doctorada, investigadora sénior de políticas de RAND Corporation, Arlington, Virginia

Dra. Marisa Weiss, directora médica y fundadora de Breastcancer.org, y directora del Departamento de Radiooncología Mamaria del Lankenau Medical Center en Wynnewood, Pensilvania

Dr. Brian Wojciechowski, oncólogo médico de los hospitales Riddle, Taylor y Crozer del condado de Delaware, Pensilvania, y asesor médico de Breastcancer.org

Dra. Terri Lynn Woodard, directora del Programa de Oncofertilidad y profesora adjunta de Oncología Ginecológica y Medicina Reproductiva del MD Anderson Cancer Center de la Universidad de Texas en Houston, Texas

Este contenido especial fue posible en parte gracias al generoso aporte de AstraZeneca, Daiichi Sankyo, Eisai, Genentech, Lilly Oncology, Pfizer, Seattle Genetics, una subvención académica independiente de Merck & Co., Inc., y personas como tú.


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