¿Por qué hacer ejercicio?

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Todos lo hemos escuchado cientos de veces: el ejercicio nos hace bien. La Sociedad Americana Contra el Cáncer recomienda que las mujeres diagnosticadas con cáncer de mama hagan ejercicio con regularidad (alrededor de cuatro horas por semana) para mejorar su calidad de vida y disminuir el riesgo de tener cáncer nuevamente.

Según una encuesta sobre ejercicio físico realizada por Breastcancer.org en octubre y noviembre de 2011, aproximadamente la cuarta parte de las encuestadas hace ejercicio más de cinco horas por semana y el 15 % lo hace tres horas por semana. Cerca del 90 % de las personas que participaron en la encuesta habían tenido diagnóstico de cáncer de mama, así que su dedicación al ejercicio físico es sobresaliente.

Ahora bien, ¿qué es exactamente lo bueno del ejercicio? Aquí se explican las formas en que el ejercicio puede mejorar tu vida:

El riesgo de tener cáncer será menor. Hacer ejercicio regularmente disminuye el riesgo de recurrencia del cáncer de mama, y además reduce el riesgo de tener un diagnóstico de cáncer de mama en primer lugar. El ejercicio puede disminuir el riesgo de tener cáncer de colon, de pulmón y de útero.

Podrás mantener un peso saludable. Hacer ejercicio regularmente puede contribuir a mantener un peso saludable, ya que aumenta la masa muscular y quema las grasas. Las mujeres que tienen sobrepeso y las que son obesas, que se caracterizan por tener un IMC (índice de masa corporal) mayor que 25, tienen mayor riesgo de tener un diagnóstico de cáncer de mama, en comparación con las mujeres que mantienen un peso saludable, especialmente después de la menopausia. Tener sobrepeso también puede aumentar el riesgo de repetición (recurrencia) del cáncer de mama en mujeres que ya tuvieron la enfermedad.

Este mayor riesgo se debe a que las células de grasa producen estrógeno; es decir, más células grasas implican más estrógeno en el cuerpo, y el estrógeno puede dar lugar a que se forme y evolucione el cáncer de mama de receptores de hormonas positivos.

Puede haber menos efectos secundarios del tratamiento y estos pueden ser menos graves. Las investigaciones indican que el ejercicio puede lograr lo siguiente:

  • aliviar las náuseas durante la quimioterapia
  • mejorar el flujo de sangre hacia las piernas y, en consecuencia, disminuir el riesgo de tener coágulos
  • aliviar el estreñimiento, ya que estimula el sistema digestivo y facilita la evacuación intestinal
  • revitalizar el deseo sexual y mejorar la excitación sexual
  • aliviar la fatiga que causan la radiación y la radioterapia

Prolongarás tu vida. Aunque este tema es complejo, los estudios parecen indicar que el ejercicio puede mejorar la supervivencia de las sobrevivientes del cáncer de mama. Parte de esto se debe a que el ejercicio las ayuda a mantener un peso saludable.

Tendrás más energía. La fatiga es un efecto secundario que muchas mujeres tienen durante el tratamiento del cáncer de mama y después de este. Hacer ejercicio regularmente puede mejorar tu resistencia y ayudar a que el corazón y los pulmones, que proveen la energía para tu trabajo diario, funcionen más eficientemente.

Tendrás mejor movilidad. El tejido cicatricial que se forma después de la cirugía de cáncer de mama, de la reconstrucción mamaria o de la radiación puede provocar tensión en los músculos del brazo y el hombro. Si después del tratamiento no usas lo suficiente el brazo y el hombro, los músculos de esa zona pueden perder flexibilidad. Con el transcurso del tiempo, los ejercicios de estiramiento, realizados con cuidado, pueden mejorar los problemas de amplitud de movimiento que tal vez tengas en el brazo y el hombro.

Tendrás más músculo y serás más fuerte. A medida que las personas envejecen, tienden a perder músculo y a tener más grasa corporal. Los medicamentos de la quimioterapia y la hormonoterapia pueden provocar una menopausia repentina, que también puede hacer que disminuya la masa muscular. Los ejercicios de entrenamiento de fuerza pueden ayudarte a tener más músculo que grasa, lo que significa que podrás llevar las compras, alzar a las mascotas o a los nietos, y cerrar la puerta levadiza del auto.

Mantendrás la salud de los huesos. A medida que envejeces, pierdes masa ósea. Si te diagnosticaron cáncer de mama, la salud de los huesos reviste una importancia especial para ti. En las investigaciones se demuestra que algunos tratamientos para el cáncer de mama pueden generar pérdida ósea. Además, las mujeres tienen cerca del doble de probabilidades que los hombres de tener osteoporosis (enfermedad que debilita los huesos y los hace más propensos a quebrarse) después de los 50 años de edad. Los ejercicios con peso, como trotar, caminar y el entrenamiento de fuerza, pueden retrasar la pérdida ósea.

Te sentirás mejor contigo misma. Un diagnóstico de cáncer de mama puede atemorizar, deprimir o angustiar a algunas mujeres. Hacer ejercicio puede ayudarlas a levantar el ánimo, controlar la depresión y mejorar la autoestima. La actividad física desencadena la liberación de sustancias químicas del cerebro, como las endorfinas, que te harán sentir más contenta y relajada. Si haces ejercicio regularmente, te sentirás mejor con tu persona y tu aspecto cuando veas en el espejo la imagen de una mujer en buen estado físico, fuerte y tonificada.

Dormirás mejor. Si tienes problemas de insomnio o te despiertas muchas veces durante la noche, el ejercicio regular puede ayudarte a dormirte más rápida y profundamente.

Estarás menos estresada. Cualquier tipo de ejercicio puede hacer desaparecer el estrés. Además de aumentar la producción de endorfina en el cerebro, los ejercicios pueden ser un tipo de meditación. Al concentrarte en una sola tarea, ya sea correr, bailar o lo que estés haciendo, te darás cuenta de que te olvidas de los disgustos del día y logras un estado mental tranquilo y despejado.

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