Linfedema y ejercicio

En varios estudios de investigación, se descubrió que es poco probable que un programa de ejercicios con aumento gradual de la intensidad bajo la supervisión de un terapeuta certificado para el linfedema (es decir, que empiezas con ejercicios moderados y los intensificas con el tiempo) aumente el riesgo de linfedema. Esta recomendación también forma parte de la Declaración de posición sobre el ejercicio (en inglés) de la National Lymphedema Network (NLN). Algunos especialistas incluso creen que el ejercicio puede cumplir una función en la rehabilitación del brazo, para que pueda soportar mejor los esfuerzos diarios que pueden conducir a un linfedema.

“Creo que la rehabilitación cardíaca es una excelente analogía”, dice la doctora Kathryn Schmitz, Ph. D., máster en salud pública (M. P. H.) y profesora de la división de Epidemiología Clínica de la Universidad de Pensilvania. “Digamos que tienes dañado el miocardio debido a un ataque al corazón. Bueno, esas células dañadas no se recuperan nunca. Pero cuanto más fortalezcas el resto del corazón mediante ejercicio, menor será la posibilidad de tener otro problema en el futuro.

Muchas personas que se recuperan de ataques cardíacos luego corren maratones”, agrega Kathryn. “No existe ningún motivo por el que una mujer con daño en el sistema linfático tenga que pasar el resto de su vida evitando hacer mucho esfuerzo con el brazo. Al contrario, puede seguir el ejemplo de la rehabilitación cardíaca y, muy de a poco, aumentar la cantidad de esfuerzo que el brazo puede soportar mediante el entrenamiento con pesas y otras formas de ejercicio. De esa forma, si algún día la pica una abeja o termina lavando 200 platos en el comedor de la iglesia, el brazo podrá tolerarlo. Esto no significa que no se deban tomar más precauciones. Se debe seguir pensando en la forma en que se usa el brazo”.

La doctora Schmitz y su equipo llevaron a cabo el Estudio sobre actividad física y linfedema (PAL) (en inglés), que desempeñó una función clave para anular los limites restrictivos de actividad impuestos a las personas con riesgo de tener linfedema. En el estudio, participaron 154 mujeres con riesgo de tener linfedema relacionado con el cáncer de mama, a quienes se asignó a un programa de entrenamiento con pesas de intensidad progresiva, con pesas muy livianas al principio, o a un programa sin ejercicio. Entre las mujeres a las que les habían extirpado cinco ganglios linfáticos o más, el entrenamiento con pesas tuvo un impacto: el 7 % del grupo de intervención tuvo un incidente de linfedema, en comparación con el 22 % del grupo sin ejercicio.

Además, como parte del PAL, el equipo de investigación llevó a cabo un estudio con 141 sobrevivientes de cáncer de mama que tenían linfedema estable y las asignó a un grupo con un programa de entrenamiento con pesas de intensidad progresiva o a un grupo sin intervención. Se descubrió que las mujeres en el grupo de entrenamiento con pesas no presentaban mayor riesgo de tener inflamación en el brazo. También tuvieron una menor incidencia de exacerbaciones del linfedema (14 % en el grupo de ejercicio, en comparación con el 29 % del grupo de referencia), según la evaluación de un terapeuta para el linfedema certificado.

Para determinar si el entrenamiento con pesas y otras formas de ejercicio contribuyena reducir el riesgode linfedema y exacerbaciones, se necesita más investigación. Sabemos que con el ejercicio se produce un efecto de bombeo en los músculos que impulsa el líquido linfático hacia donde debe ir. “Los vasos linfáticos se encuentran entre el músculo y la piel. Con la actividad, el músculo se contrae y se relaja contra la piel. “Por lo tanto, al bombear y liberar, la actividad masajea los vasos linfáticos y saca el líquido linfático adicional de la zona”, dice Linda T. Miller, especialista en fisioterapia (P. T., D. P. T.), terapeuta para el linfedema certificada (C. L. T.) y directora clínica del Breast Cancer Physical Therapy Center, Ltd., de Malvern, Pensilvania.

Cómo diseñar un plan de ejercicios

En general, el plan de ejercicios para una persona con riesgo de tener linfedema o con diagnóstico de linfedema incluye una combinación de los siguientes ejercicios:

  • ejercicios de flexibilidad y estiramiento
  • entrenamiento de fuerza
  • ejercicio aeróbico con la parte superior del cuerpo para bajar de peso y estimular la respiración profunda, que a su vez contribuye a la circulación de la linfa

“Esto no es lo mismo que simplemente inscribirse en un gimnasio o empezar a correr las mismas 3 o 4 millas que corrías antes”, dice Nicole Stout, especialista en linfedema. “Si haces ejercicio sin orientación, puede ser complicado diferenciar entre ejercitar y esforzar la extremidad. Siempre les digo a las mujeres que empiecen despacio, vayan con calma y presten atención a la extremidad. El ejercicio es importante, pero tienes se debe hacer con sensatez y con la orientación de una persona que conozca tu situación”.

Los siguientes consejos tal vez te resulten útiles para elaborar un plan de ejercicios adecuado para ti:

  • De ser posible, trabaja con un especialista en medicina física, un fisioterapeuta, un terapeuta ocupacional, un enfermero, un masajista u otro proveedor que se especialice en tratamiento para el linfedema y rehabilitación posterior al cáncer de mama. Busca a alguien con capacitación y experiencia en esta área; consulta Cómo buscar un terapeuta para el linfedema. Si trabajas con un entrenador o terapeuta SIN capacitación en los asuntos específicos de las pacientes con cáncer de mama, podrías lesionarte, lo que aumentaría el riesgo de linfedema. Después de trabajar con un especialista para aprender la forma correcta de ejercitar, finalmente podrás hacer ejercicio sola.
  • Tu plan debe ser personalizado, para que satisfaga tus necesidades y se adapte a tu estado físico. Así como no existe un enfoque universal para el tratamiento del cáncer de mama, lo mismo ocurre con el ejercicio. El cuerpo de cada persona es diferente. El entrenamiento de fuerza con pesas livianas es bueno para muchas mujeres, pero para algunas puede resultar muy doloroso o muy intenso para el brazo. En esos casos, se pueden recomendar otras formas de ejercicio más moderado. Además, si estás en tratamiento con quimioterapia o estás tomando medicamentos con efectos secundarios, puede haber momentos en los que no tengas suficiente energía para ejercitar.
  • Empieza despacio y con cuidado, descansa con frecuencia y usa el brazo como guía. El terapeuta para el linfedema puede ayudarte a elaborar un plan sensato para retomar la actividad. Si hacías actividad antes de la cirugía, por ejemplo, si levantabas pesas, corrías o andabas en bicicleta, tendrás que ir de a poco para volver al nivel anterior de actividad. Al principio, el terapeuta puede recomendar que levantes pesas más livianas, camines o recorras distancias más cortas con una bicicleta fija. Si sientes el brazo pesado, adolorido o cansado, no sigas. El terapeuta puede mostrarte ejercicios de estiramiento para hacer en estos momentos y como mantenimiento diario, para que la linfa siga circulando. Si antes de la cirugía hacías actividad moderada o no hacías actividad, tendrás que empezar más despacio aun y deberás prestar mucha atención a la forma en que responde el brazo. El ejercicio de bajo impacto como la caminata, la natación o el taichí puede ser una buena forma de empezar.
  • Durante la actividad y después de esta, presta atención al brazo, la mano y la parte superior del cuerpo para detectar cualquier cambio en el tamaño, la forma, el tejido, la textura, el dolor, la pesadez o la firmeza. Cualquier cambio podría ser un indicio de que debes hacer menos esfuerzo en una actividad en particular o tomar un descanso. Si el cambio dura más de unos pocos días, consulta al médico o al terapeuta.
  • Ten en cuenta que los ejercicios para la parte inferior y el centro del cuerpo (abdominales, espalda y pelvis) pueden afectar la parte superior del cuerpo. “El efecto del entrenamiento de fuerza para la parte superior del cuerpo es muy evidente. Sin embargo, algunas personas quizá olviden que el ejercicio para la parte inferior y el centro también conlleva un riesgo”, dice Cathy Bryan, máster en educación (M. Ed.) y entrenadora de ejercicios para el cáncer certificada por la Sociedad Americana contra el Cáncer (ACS) y el Colegio Americano de Medicina Deportiva (ACSM). “Por ejemplo, dos de las variables principales en las que hay que pensar son el momento en el que colocas las pesas en un equipo con carga de discos (como una prensa de piernas) y el momento en el que aprietas las manijas con mucha fuerza durante el ejercicio de piernas (como la extensión de piernas). Cuando hacemos ejercicios para la parte central, siempre se debe prestar mucha atención a la posición de los brazos y las muñecas, y a si estamos sosteniendo peso durante el ejercicio. Como dije anteriormente, en general, es posible hacer ejercicio seguro y eficaz con todo el cuerpo. Esta no es más que otra razón para buscar un entrenador personal calificado que te ayude a diseñar e implementar el plan de ejercicio”.
  • Ten en cuenta que no todos los programas de ejercicios para los sobrevivientes de cáncer satisfarán tus necesidades y algunos incluso podrían ser peligrosos. Muchos centros de bienestar, gimnasios y hospitales ofrecen programas de ejercicios específicos para sobrevivientes de cáncer. Revisa por adelantado cualquier programa que estés considerando o muéstraselo a tu terapeuta. Aun si lo promocionan como “rehabilitación posterior al cáncer”, puede ser que no satisfaga las necesidades de las personas con riesgo de tener linfedema.
  • Si no tienes acceso a un médico o un terapeuta con experiencia en linfedema, ya sea debido a tu ubicación o al costo, consulta con otro fisioterapeuta o proveedor de asistencia médica. Habla con esta persona de tus preocupaciones con respecto al linfedema y tus planes para hacer ejercicio. Como profesional de la medicina, tal vez pueda solicitar el plan de entrenamiento de fuerza que se usó en el Estudio sobre actividad física y linfedema. Otro recurso es un DVD llamado Fuerza y coraje: ejercicios para sobrevivientes de cáncer de mama (en inglés), un programa de ejercicios de bajo impacto que elaboró una sobreviviente de cáncer de mama y especialista en preparación física de Pittsburgh, Pensilvania.

También puedes consultar la Declaración de posición sobre el ejercicio (en inglés) de la National Lymphedema Network.

En palabras del experto

“En el pasado, se les decía a las mujeres que no deberían levantar 5 lbs o 10 lbs por el resto de su vida. Esto no es así. Las mujeres deben usar el brazo y ejercitarlo, pero con criterio. Si hacen demasiado ejercicio y esfuerzan la extremidad, puede ser peligroso. Si una paciente quiere hacer yoga por primera vez, volver al circuito de golf, escalar o, como un caso que tuve, volver a levantar pesas, nunca le digo que no lo puede hacer. Es cuestión de ejercitar la extremidad de a poco, para ponerla en forma con el objetivo de hacer esas actividades”.

— Nicole Stout, especialista en fisioterapia y terapeuta para el linfedema certificada por la Asociación de Linfología de América del Norte (LANA)

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