Ponerle nombre al duelo

Hay algo que veo todos los días en nuestra comunidad, pero que mucha gente no lo reconoce de inmediato por lo que es: el duelo.
Grief blog image

Desde el momento en que escuchas: "Tienes cáncer de mama", algo cambia. Incluso en momentos de esperanza. Incluso cuando el tratamiento está funcionando. Incluso cuando todos te dicen que eres muy fuerte o que te ven de maravillas.

El dolor por el duelo puede estar ahí. A veces, escondido detrás del miedo, la confusión o el agobio. A veces, junto con todas esas emociones. Puedes llamarlo ansiedad. Puedes llamarlo estrés. Pero debajo de todos esos sentimientos hay una sensación de pérdida: de lo que fue, de lo que esperabas, de lo que ahora se siente distinto.

Duelo por la vida que existía antes de ese momento. Por el cuerpo en el que confiabas y el cuerpo que ha cambiado de maneras que no elegiste. Por los planes que ahora resultan inciertos. Por la familia que imaginaste o las decisiones que tomaste antes de tiempo. Por la carrera que se detiene, cambia o se pone en pausa. Por la intimidad que ya no es la misma. Por todos los días que perdiste por el tratamiento, la recuperación o, simplemente, pasándolos.

El duelo puede aparecer en momentos cotidianos. En una fiesta, cuando los chicos corretean y te das cuenta de que tu historia podría no incluirlos. Cuando los amigos se preocupan por cosas que antes parecían grandes, pero que ahora parecen lejanas. Cuando no puedes desempeñarte en el trabajo como lo hacías antes. Cuando el cuerpo no se mueve ni responde como solía hacerlo. Cuando te sorprendes pensando: "Esta no es la vida que imaginaba".

Es parte de la experiencia. Es una respuesta normal a la pérdida y al cambio.

El cáncer no cambia solo a las células. Cambia la forma en que vemos el tiempo, el cuerpo, nuestro sentido de la identidad, nuestras relaciones y el futuro. Tanto si te acabas de enterar del diagnóstico, como si terminaste el tratamiento hace años o si vives con cáncer de mama metastásico, el duelo por lo que se ha alterado es humano.

Para muchas personas, el duelo también trae claridad. Puede dejar en evidencia quién y qué es lo que más importa, quién te apoya y cómo quieres emplear tu tiempo y energía.

Pero incluso con esa claridad, el peso que cargas no siempre es visible para los demás.

Uno de los aspectos más difíciles es que el mundo no siempre ve esa carga. Puedes verte saludable. Puedes verte como si hubieras regresado a la “normalidad”. Los demás quieren creer que estás mejor. Y puede que eso te lleve a sentir que no te comprenden o que no tienes a nadie.

Pero incluso cuando el tratamiento funciona bien y los estudios muestran lo que anhelabas, el alivio no borra la preocupación ni te hace sentir de la forma que te sentías antes. Hasta en los días buenos, pueden aparecer pérdidas y preocupaciones. Sentirte invisible en tu duelo también es una pérdida real.

El duelo no siempre desaparece. Para algunas personas, se debilita con el tiempo y es más fácil de sobrellevar. Para otras, cambia de forma. Puede ir y venir. Puede reaparecer en distintos momentos de tu vida.

Parte de vivir con un diagnóstico de cáncer y más allá de este es reconocer cuándo aparece y ponerle nombre.

Nos encanta cómo lo expresa la especialista en duelo Kelly Grosklags, LSW: es un reflejo del amor. Nos muestra qué es valioso. Y saber eso puede alivianar la carga.

No tienes que saber todas las respuestas. Solo tienes que saber que no eres la única persona que está pasando por esto y que tienes gente alrededor. También, que es una carga que aprendes a llevar.

¿Has sentido este tipo de angustia por el duelo? Puedes compartir tus sentimientos aquí; alguien más podría necesitar leer lo que tienes para decir.