La historia de Suzi: Cómo una mentalidad positiva me ayudó a salir adelante

Suzi Andrea es miembro de la comunidad de Breastcancer.org en Colombo, Provincia Occidental, Sri Lanka.
La palabra más temida de toda la existencia humana —CÁNCER— apareció para mí en el momento en que necesitaba una bendición, no más angustia. Conmocionada, devastada, abrumada... Son algunas de las muchas emociones que se agolparon en mi mente con este diagnóstico inesperado. La gran pregunta: ¿Por qué yo? ¿Por qué en este momento? Reflexionando sobre las respuestas, me di cuenta de que eso me convertiría en la versión más fuerte de mí misma.
Oír la palabra con “C”
A finales de abril de 2024, mientras me autochequeaba, me encontré un doloroso bulto en la mama izquierda, en la posición de las 6 en punto. Con lo mal informada que estaba, no me agobió demasiado: toda la vida me han dicho que “los bultos dolorosos no son cancerosos”.
Con el consejo de unos queridos amigos y médicos, comenzaron las pruebas exhaustivas — mammografía, exploración mamaria y biopsia guiada. Ansiosa por acabar de una vez por todas, me preparé para las molestias y me realicé todas las pruebas el mismo día. Las alegres palabras de mi médico seguían resonando en mis oídos: “Solo 1 de cada 10 bultos dolorosos es un cáncer”. Eso me mantuvo en paz hasta que los resultados de la prueba aparecieron en mi teléfono una semana después, el viernes por la mañana de camino al trabajo, para ser exactos. Esperando contra toda esperanza no ser yo la desafortunada, abrí alegremente los resultados de las pruebas. Mi mundo estaba fuera de control. ¡Por Dios! ¡Carcinoma! ¡Soy ese 1 de cada 10 casos con el bulto doloroso! Me decía a mí misma: “Quítatelo de la cabeza, Suzi, tienes trabajo que hacer hoy, mantén la compostura. ¡Mantente fuerte!”. Aguanté hasta el final del día. ¿Cómo les doy la devastadora noticia a mi madre y a mis hijos? ¡Tanta agitación en mi corazón!
Mi madre y mi tía (mis mayores apoyos en este angustioso viaje) derramaron un millón de lágrimas. “Devastación” fue lo mínimo que sentimos todos esa noche. Me desperté con los ojos hinchados y un dolor de cabeza atronador sabiendo que hoy es el día en que tengo que dar la noticia a mis dos dulces hijos adultos. “¿Cómo los protejo de este dolor?”. Cuestionando a Dios en este momento: “¿Por qué me das tanto dolor y me pones a prueba? ¿No sabes que ya nos hemos enfrentado a tantos sinsabores?”. Golpe de realidad: no debemos cuestionar a Dios; es su voluntad, no la nuestra. Además, fue entonces cuando recordé: “Dios le da las peores batallas a sus mejores guerreros”.
Hijo mayor: en el extranjero en ese momento, en una videollamada rodeado de la familia. Mi hijo más pequeño, rodeado de sus cariñosos primos, sus amigos y la familia, preguntándose qué es tan importante como para que tenga que decírselo a los dos a la vez. ¿Cómo puedo mirarlos a los ojos y decírselo? Reuní todo el coraje que Dios siempre me ha inculcado y solté de sopetón: “A mamá le han diagnosticado cáncer de mama”. Oí el aullido ensordecedor y el grito desesperado de mi hijo mayor que me atravesó el corazón como una daga. Mi hijo menor no dijo nada, solo le caían dos lágrimas. “¿Cuánto se necesita para curarte, mamá?”. Fue entonces cuando me di cuenta de que esta es la bendición que Dios ha dado a mis hijos: una razón para vivir. Sabía que tenía que luchar y salir triunfante. Mi batalla no es solitaria, ¡hay tantos que me apoyan para que gane!
Comienza la batalla
Tengo la suerte de contar con el mejor hospital, el mejor equipo de oncología y el mejor lugar de trabajo, con un jefe y un personal que me apoyan. Poco más de un mes después del diagnóstico, me sometí a una lumpectomía, seguida de revisiones y pruebas periódicas. Luego vino la temida quimio (12 sesiones, semanales). La horrible experiencia de ver a amigos cercanos pasar por el espantoso régimen de quimioterapia me dio la mentalidad para desafiar los efectos secundarios lo mejor que pude. Me propuse seguir una dieta sana, mantener una mentalidad positiva y seguir trabajando sin dejar que la quimioterapia dominara mi cuerpo plagado de cáncer. A muchos les inspira saber que superé la quimioterapia con unos efectos secundarios mínimos, sin náuseas ni vómitos, además de ningún descenso significativo en los conteos sanguíneos.
Luego vinieron las 18 sesiones de radiación. Fueron tiempos difíciles, pero al igual que la victoria con la quimioterapia, seguí adelante con una mentalidad positiva y salí triunfante.
Seguir adelante
Actualmente, finalicé el tratamiento más importante. Sigo con el tratamiento de Herceptin cada 3 semanas, que continuará hasta septiembre de 2025. Todavía no me han dado el alta de SEE (sin evidencia de enfermedad). Sin embargo, ya no me considero una paciente de cáncer. Sé que he vencido a esta temida enfermedad y que pronto me darán el alta. La lección más importante que he aprendido en este duro camino es que el mañana no está garantizado. Vive hoy como si no hubiera mañana. Estoy disfrutando de mi vida al máximo.
Bendiciones a todos los que luchan contra la gran “C”.