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¿Qué le sucede a la comida en el cuerpo?

Con solo pensar en comer, el cuerpo comienza a secretar insulina, una hormona que ayuda a controlar la cantidad de azúcar (glucosa) en sangre.
 

Con solo pensar en comer, el cuerpo comienza a secretar insulina, una hormona que ayuda a controlar la cantidad de azúcar (glucosa) en sangre. La insulina la produce el páncreas. A medida que comes, se secreta más insulina, en respuesta a los carbohidratos presentes en la comida. Cuando comes alimentos ricos en proteínas, se secreta insulina, pero más lentamente. Si el páncreas funciona bien, la cantidad de carbohidratos que tiene lo que comes determina, por lo general, la cantidad de insulina que se secretará.

A medida que digieres los carbohidratos, estos van al torrente sanguíneo como glucosa. Para mantener bajo control los valores de glucemia, la insulina indica a las células del cuerpo que tomen la glucosa del torrente sanguíneo. Las células utilizan parte de la glucosa para obtener energía y almacenan otra parte para utilizarla más adelante. La forma en que se almacena la glucosa depende del tipo de célula que la almacena. Las células musculares almacenan la glucosa en forma de glucógeno. Las células hepáticas almacenan una parte de la glucosa como glucógeno y convierten otra parte en grasa. Las células grasas almacenan la glucosa en forma de grasa.

Una nota especial sobre el jarabe de maíz alto en fructosa: este jarabe se introdujo en 1978 y, aproximadamente en 1985, había reemplazado al azúcar en la mayoría de los refrescos. El consumo total anual de azúcar (que excluye los edulcorantes artificiales) inmediatamente aumentó de 54 kilos por persona a 68 kilos por persona. El jarabe de maíz de alto contenido de fructosa tiene un 55 % de fructosa, un 42 % de glucosa y un 3 % de otros carbohidratos. Un dato importante sobre la fructosa: es el carbohidrato que el cuerpo convierte más fácilmente en grasa. Al digerir el jarabe de maíz de alto contenido en fructosa, gran parte de la glucosa que contiene termina en el torrente sanguíneo, lo que aumenta la glucemia. Sin embargo, la fructosa de este jarabe se procesa casi totalmente en el hígado, que cuenta con las enzimas adecuadas para realizar esta tarea. Por lo tanto, la fructosa no tiene un efecto inmediato en las concentraciones de insulina y glucosa en sangre, pero tiene muchos efectos a largo plazo.

El hígado no está diseñado para procesar la cantidad de fructosa que la mayoría de la gente consume hoy en día. La fruta tiene cantidades bastante pequeñas de fructosa; una taza de arándanos contiene alrededor de 30 calorías de fructosa. Sin embargo, los refrescos o jugos endulzados con jarabe de maíz de alto contenido en fructosa tienen cantidades mucho mayores: una lata de Pepsi o Coke de 33 cl tiene 80 calorías de fructosa; 33 cl de jugo de manzana tienen 85 calorías de fructosa.

La respuesta de tu hígado a esta avalancha de fructosa es convertir la mayor parte en grasa y enviarla a tu tejido adiposo. Al mismo tiempo, la glucosa que viene con la fructosa en el jarabe de maíz de alto contenido en fructosa eleva los valores de glucemia y hace que el cuerpo secrete insulina, que le indica a los adipocitos que almacenen todo lo que reciban, incluida la fructosa convertida en grasa procedente del hígado.

Cuanto más jarabe de maíz alto en fructosa consumes y más años pasas consumiéndolo, más se adapta tu cuerpo convirtiendo el jarabe de maíz de alto contenido en fructosa en grasa. Con el tiempo, se acumula grasa en el hígado (afección que se denomina esteatosis hepática y se conoce como “enfermedad de hígado graso”). Por lo tanto, aunque la fructosa no tiene un efecto inmediato sobre el azúcar en sangre y la insulina, es probable que después de algunos años te haga almacenar calorías en forma de grasa.

A medida que se elimina la glucosa del torrente sanguíneo, los niveles de insulina disminuyen y las células comienzan a usar grasa como combustible en lugar de glucosa. Por ello puedes pasar períodos prolongados, por ejemplo, durante la noche, mientras duermes, sin comer. Tus células acuden a la grasa como combustible.

Existen dos tipos de grasa corporal: los ácidos grasos y los triglicéridos. Los ácidos grasos son lo suficientemente pequeños como para entrar y salir de las células, que pueden utilizarlos como combustible. La grasa se almacena dentro de los adipocitos en forma de triglicéridos, es decir, tres ácidos grasos unidos. Los triglicéridos son demasiado grandes para fluir a través de las membranas celulares y, por lo tanto, se almacenan para su uso futuro.

La insulina también desempeña un papel importante en decirle a tu cuerpo cuándo almacenar y usar la grasa y las proteínas. Lo hace afectando a las acciones de dos enzimas, la lipoproteína lipasa (LPL) y la lipasa sensible a las hormonas (HSL).

La LPL se asienta en la superficie de las células, extrae la grasa del torrente sanguíneo y la introduce en la célula. Si la LPL está en una célula muscular, lleva la grasa al interior de la célula, donde la utiliza como combustible. Si la LPL está en un adipocito, lleva grasa al interior de la célula y la convierte en más grasa.

Es importante saber que la hormona estrógeno suprime la actividad de la LPL en las células de grasa. Esta podría ser una de las razones por las cuales algunas mujeres aumentan de peso después de la menopausia o después de un tratamiento de cáncer de mama, que reduce considerablemente las concentraciones de estrógeno. Al haber menos estrógeno en el cuerpo, la LPL puede llevar más grasa al interior de los adipocitos y almacenarla allí.

Para que los adipocitos tengan menos grasa, la enzima HSL descompone los triglicéridos en ácidos grasos que luego pueden salir del adipocito y ser utilizados como combustible por otras células. Por lo tanto, cuanto más altas son las concentraciones de HSL, más grasas se descomponen y se queman.

La insulina reduce la concentración de la enzima HSL, lo cual impide que se descompongan los triglicéridos y da como resultado mayor cantidad de grasa almacenada en los adipocitos. Cuando los niveles de insulina aumentan incluso un poco, la grasa se acumula en los adipocitos.

Algunas investigaciones sugieren que mantener los niveles de insulina estables puede ayudar a algunas personas a perder peso. El consumo de fuentes saludables de proteínas y grasa (carnes magras, pescado, aves de corral, frutos secos y semillas), y carbohidratos complejos que sean buenas fuentes de vitaminas y minerales (verduras, frutas, granos integrales) en lugar de carbohidratos refinados (dulces, azúcar, galletas, bizcochos, pan blanco, pasteles), puede ayudar a prevenir los picos de insulina.

— Se actualizó por última vez el 29 de junio de 2022 15:04