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Radiación para tratar el cáncer de mama metastásico

Si tienes signos o síntomas de metástasis, es probable que el médico te recete un tratamiento local (tratamiento aplicado directamente al área del cáncer) para aliviar los síntomas y controlar la enfermedad en ese lugar.
 

A veces las células cancerosas se diseminan a otras partes del cuerpo. Cuando esto sucede, se puede describir el cáncer de mama de distintas maneras: metastásico, avanzado o en estadio IV. El término “metástasis” hace referencia a las áreas específicas de diseminación, como las metástasis óseas.

Si tienes signos o síntomas de metástasis, es probable que el médico te recete un tratamiento local (tratamiento aplicado directamente al área del cáncer) para aliviar los síntomas y controlar la enfermedad en ese lugar. La radiación puede reducir el tamaño de los puntos específicos a los cuales se ha diseminado el cáncer y mantenerlos bajo control. La radiación puede ayudar con lo siguiente:

  • disminuir el dolor

  • reducir el riesgo de fracturas óseas en las áreas que puede haber debilitado el cáncer

  • disminuir el sangrado

  • mejorar la respiración al despejar una vía respiratoria obstruida

  • liberar la presión sobre un nervio comprimido que puede estar causando dolor, adormecimiento o debilidad

La dosis y el cronograma de radiación para tratar la metástasis dependen de distintos factores, que incluyen los siguientes:

  • la urgencia del caso (dolor, pérdida funcional, tamaño y ubicación de la metástasis, por ejemplo)

  • la terapia de radiación previa que pudieras haber recibido

  • el cronograma de otros tratamientos

Las dosis recetadas con mayor frecuencia son de 3.000 centigrais durante dos semanas, o entre 3.750 y 4.000 centigrais durante tres semanas.

Estas son algunas de las “zonas afectadas” con más frecuencia en el cáncer de mama metastásico que se pueden tratar con radiación:

La compresión de la médula espinal significa que el cáncer presiona o comprime tu médula espinal, es decir, el conjunto de nervios que se encuentra en el medio de la columna vertebral y conecta al cerebro con el cuerpo. El cáncer que crece en la columna vertebral puede presionar la médula espinal. Esta presión puede dañar los nervios y causar dolor de espalda, debilidad e incluso parálisis, además de alteraciones de los hábitos intestinales y urinarios.

La radiación se administra en la zona afectada para eliminar las células cancerosas, por lo general, después de que los esteroides hayan reducido la inflamación. En algunos casos, es posible que necesites cirugía para reducir la presión alrededor de la médula espinal.

Las metástasis del cerebro requieren tratamiento inmediato, en especial si causan síntomas como dolor de cabeza, náuseas, adormecimiento, alteraciones de la visión o, con menor frecuencia, convulsiones. El médico te recetará primero esteroides, seguidos de otros tratamientos tales como cirugía, quimioterapia y/o radiación.

La radiación se aplica a todo el cerebro o a nervios específicos. En muy pocas ocasiones se aplica a toda la médula espinal. La radiación que se aplica a un área muy grande provoca una disminución del número de células importantes que sirven para combatir infecciones, lo que puede retrasar otros tratamientos.

Los problemas de sangrado se pueden mejorar con radiación. A veces, el cáncer que crece en la piel de la mama o cerca de esta puede provocar sangrado, al igual que lo puede hacer un tumor ubicado en un conducto de aire al pulmón. El sangrado suele responder rápido a la radiación.

El cáncer en los huesos de las piernas, las caderas o los brazos puede debilitar y destruir su estructura y fortaleza. Esto hace que estos huesos sean más susceptibles a fracturas, incluso sin haber sufrido caídas ni otras lesiones.

La radiación que se aplica al cáncer destruirá las células cancerosas para que el hueso pueda recuperarse (los huesos no pueden reconstruirse y fortalecerse en presencia de las células cancerosas). Además, si un hueso del brazo o la pierna está demasiado débil, es posible que el cirujano coloque una varilla de metal en el área afectada para fortalecer el hueso.

Se puede administrar un tipo especial de radiación a las personas que tienen tumores aislados en los huesos que son dolorosos y no responden a la quimioterapia. Estos tumores no pueden tratarse fácilmente con radiación localizada porque el área a tratar es demasiado grande. El compuesto químico radiactivo estroncio-89 se puede administrar como dosis única por vía intravenosa (al inyectarse en una vena). Las células que forman los huesos y las células cancerosas que se encuentran en los huesos absorben la radiación que emiten estos químicos. En términos generales, el tratamiento reduce el dolor, pero puede aumentar tus probabilidades de contraer infecciones, anemia y problemas de sangrado.

El dolor hepático es causado por el tumor que crece en el interior del hígado y expande la superficie de este último. La mejor manera de tratar este tipo de dolor es con quimioterapia, y los síntomas se manejan con analgésicos. Pero si ninguna quimioterapia o analgésico funciona, la radiación en el hígado puede servir para reducir el dolor.

Algunas veces la radiación puede empeorar los síntomas antes de mejorarlos. Eso es porque al cáncer no le gusta recibir radiación, entonces se inflama un poco antes de encogerse. Es posible que esta inflamación presione aun más los nervios sensibles. Los analgésicos y, en algunos casos, un tratamiento breve con esteroides alivian estos síntomas temporales. Las pruebas de diagnóstico después de finalizar el tratamiento mostrarán cuánto se ha reducido el tamaño del cáncer con la radiación.

 
 

— Se actualizó por última vez el 27 de julio de 2022 13:53