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Linfedema

El linfedema es una inflamación anormal que se produce cuando se acumula demasiada linfa en alguna zona del cuerpo.

El linfedema es una inflamación anormal que se produce cuando se acumula demasiada linfa en alguna zona del cuerpo. La linfa es un líquido transparente que circula por el sistema linfático para eliminar residuos, bacterias y otras sustancias de los tejidos. Un edema es la acumulación de líquido en exceso.

El linfedema puede ser un efecto secundario de la cirugía o la radioterapia por cáncer de mama. Generalmente se produce en el brazo o la mano, pero también puede afectar la mama, el tórax, la axila, el torso o la espalda.

Si el cáncer de mama se esparce, tiende a desplazarse hacia los ganglios linfáticos de la axila, ya que son los que drenan la linfa de las mamas. Por eso, muchos cirujanos de cáncer de mama suelen extirpar, al menos, dos o tres ganglios linfáticos axilares en un procedimiento denominado biopsia del ganglio linfático centinela. Cuando se deben extirpar muchos ganglios de la axila o la mayoría de ellos, se trata de una disección de ganglios linfáticos axilares.

Estas cirugías pueden cortar o dañar algunos de los ganglios y vasos que conforman las vías por las que circula la linfa. Con el tiempo, la linfa puede acumularse y saturar las vías restantes, lo que produce linfedema, a veces varios meses o incluso años después de terminado el tratamiento del cáncer de mama.

Los tratamientos con radiación también pueden afectar al sistema linfático. El riesgo de linfedema vinculado con la radiación es mayor entre las personas que reciben radiación directamente en la axila, ya que es el lugar donde hay mayor cantidad de ganglios linfáticos.

Como el linfedema tiende a desarrollarse gradualmente, puedes tener una sensación extraña (como hormigueo o adormecimiento) que aparece y desaparece antes de llegar a tener inflamación visible. En otros casos, en cambio, la inflamación puede ser repentina, sin signos de advertencia.

Otros síntomas comunes del linfedema son dolor, cambio de volumen o pesadez, hinchazón o inflamación, y menor flexibilidad o tensión en las zonas afectadas.

El linfedema también puede generar infecciones que se diseminan por todo el cuerpo, por lo que es importante que informes a tu médico si sientes alguno de estos síntomas para que puedas recibir tratamiento lo antes posible.

No hay forma de saber con certeza si tendrás linfedema después del tratamiento del cáncer de mama, pero las siguientes acciones te pueden ayudar:

  • conocer tus factores de riesgo

  • seguir pasos para reducir tu riesgo

  • tener conciencia de los síntomas tempranos

Si se deja sin tratar, el linfedema puede empeorar y provocar inflamación grave y cambios permanentes en los tejidos que se encuentran debajo de la piel, como engrosamiento y cicatrización.

Según la doctora Marisa Weiss, directora médica de Breastcancer.org, si tienes linfedema pero no recuerdas haber escuchado mucho al respecto durante el tratamiento del cáncer de mama, no estás sola.

“Puedo decir por experiencia que el momento justo después del diagnóstico, cuando estás considerando opciones de tratamiento y planificándolo, es confuso. Cuando te sientes tan ansiosa y agobiada, es difícil escuchar, entender y decidir. Por lo que, incluso si durante este tiempo se menciona al linfedema, puede ser que no lo recuerdes. O quizá no se mencione porque el objetivo más importante es que te mejores. Así que si más adelante tienes linfedema, quizás se sienta como otro insulto al cuerpo, uno para el que muchas mujeres no están bien preparadas. La buena noticia es que las mujeres pueden aprender a controlarlo y llevar una vida normal”.

 

Cómo ocurre el linfedema

Para entender cómo y por qué ocurre el linfedema, puede ser útil saber cómo funciona el sistema linfático.

Información sobre el sistema linfático

El sistema linfático funciona junto con el sistema cardiovascular para mantener el equilibrio de líquidos en el cuerpo. Ambos sistemas aportan nutrientes a los tejidos y órganos del cuerpo, además de eliminar los desechos.

El sistema cardiovascular comienza con el corazón, que bombea sangre con alto contenido de oxígeno y proteínas a través de las arterias hacia los tejidos y los órganos del cuerpo. Las venas transportan la sangre que contiene dióxido de carbono y otros desechos de vuelta al corazón.

Alrededor del 90 % de la sangre vuelve al corazón por las venas, pero el 10 % restante es un líquido que se filtra a los tejidos del cuerpo mediante vasos sanguíneos diminutos conocidos como “capilares”. Este líquido denominado “linfa” contiene proteínas, desechos, residuos celulares, bacterias, virus y grasa adicional, elementos demasiado grandes que no caben en las venas.

En este momento, entra en acción el sistema linfático. Los vasos diminutos conocidos como “capilares linfáticos” tienen pequeños orificios que permiten el paso del líquido. El sistema linfático no tiene un órgano que actúe como bomba. En cambio, la respiración y el movimiento de los músculos impulsan la linfa constantemente desde las zonas más lejanas del cuerpo hacia el corazón. Esto se parece mucho a la forma en que la sangre sin oxígeno vuelve al corazón a través de las venas. Primero, la linfa sale de los capilares linfáticos y entra a los vasos colectores linfáticos, que son más grandes. Estos vasos tienen paredes musculares y válvulas unidireccionales que hacen que la linfa siga circulando en la dirección correcta. Muchos de los vasos linfáticos se encuentran justo debajo de la superficie de la piel.

En el trayecto al corazón, la linfa debe pasar a través de los ganglios linfáticos, estructuras redondas y pequeñas que filtran las bacterias, los residuos y otras toxinas, y que además contienen glóbulos blancos que combaten infecciones. Los ganglios linfáticos cumplen una función clave en el reconocimiento y la eliminación de estas sustancias. Además, cuando es necesario, le indican al cuerpo que debe iniciar una respuesta inmunitaria.

Hay grupos de ganglios linfáticos en la ingle, las axilas y el cuello. También hay más ganglios en otras vías linfáticas del pecho, el abdomen y la pelvis. Los ganglios linfáticos regionales filtran la linfa a medida que esta sale de las distintas zonas del cuerpo. Por ejemplo, la linfa de la mano, el brazo y la axila, así como de las zonas del tórax y de la parte superior de la espalda, se drena hacia los ganglios linfáticos de la axila (o axilares) para el filtrado.

Finalmente, la linfa circula hasta uno de los dos conductos linfáticos grandes que se encuentran justo debajo del cuello, en donde luego entra a una vena grande y vuelve al torrente circulatorio. Una vez que se filtran los residuos y las proteínas, el líquido puede volver al torrente circulatorio. De la misma forma en que la sangre circula por el cuerpo en todo momento, la linfa sale constantemente de los tejidos, pasa por los vasos y ganglios linfáticos, y vuelve a los conductos linfáticos.

¿Qué puede desencadenar el linfedema?

El linfedema ocurre cuando el sistema linfático sufre daños o una sobrecarga, y no puede depurar la linfa al ritmo necesario, por lo que se acumula líquido y se provoca la inflamación.

A veces, una lesión o una infección puede desencadenar el linfedema, especialmente cuando hay menos ganglios linfáticos debido a una cirugía por cáncer de mama.

Cuando nos lesionamos o sufrimos una infección, los tejidos corporales pueden inflamarse y exigir más al sistema linfático porque aumentan el flujo sanguíneo y la carga de líquidos. Si el sistema linfático no llega a adaptarse, se puede desencadenar un linfedema.

Otras veces, el uso excesivo de una extremidad puede desencadenar un linfedema. Por ejemplo, si usas el brazo más de lo habitual, el corazón debe bombear más sangre al brazo que lo normal. Más sangre significa más líquido en los tejidos, y esto a su vez significa que ingresa más linfa al sistema linfático y puede sobrecargarlo.

La doctora Kathryn Schmitz, máster en salud pública (MPH), profesora de epidemiología en la Universidad de Pensilvania, hace esta analogía: “Si alguna vez viviste al pie de una colina, sabes lo que pasa con la rejilla de drenaje durante una tormenta. Las ramas, las hojas y otros restos de los árboles llegan a la boca de tormenta. Todas estas cosas intentan entrar al sistema y se atascan. La calle se empieza a inundar, no solo con agua común, sino con agua sucia y llena de basura. Esa es una buena forma de entender la etapa inicial del linfedema”.

 

Signos y síntomas de linfedema

Algunos de los síntomas del linfedema después del tratamiento del cáncer de mama son los siguientes:

  • dolor, hormigueo, molestia o temperatura elevada en el brazo, la mano, la mama, el tórax o la axila

  • sensación de hinchazón o pesadez en el brazo, la mano, la mama, el tórax o la axila

  • rigidez o menos flexibilidad cerca de las articulaciones, como el hombro, la mano o la muñeca

  • sensación de dolor intenso o fulgurante, o pinchazos de dolor

  • sensibilidad en el codo

  • hinchazón o inflamación leve en el brazo, la mano, la mama o el tórax, con un hundimiento temporal en la piel cuando la presionas con el dedo (esto se denomina “edema con depresiones”)

  • dificultad para ver las venas o los tendones de la mano, nudillos menos pronunciados o piel arrugada con aspecto más joven o liso

  • problemas para que el brazo entre en la manga de una chaqueta o una camisa, cuando antes entraba sin problemas

  • sensación de que el sostén aprieta, no calza como antes o deja marcas en la piel

  • dificultad para ponerte y sacarte relojes, anillos o brazaletes

  • el tamaño de los dos lados de la espalda es diferente (asimétrico)

  • cambios en la textura o el aspecto de la piel, como tirantez, enrojecimiento o endurecimiento

  • sarpullido, comezón, enrojecimiento, dolor o sensación de calor en la piel

  • fiebre o síntomas similares a los de la gripe

La detección a tiempo del linfedema aumenta la probabilidad de que el tratamiento sea eficaz. Sin embargo, detectarlo a tiempo puede ser desafiante, debido a que con frecuencia los primeros síntomas son leves. Por ejemplo, es posible que no notes un aumento de 2 cm de la circunferencia del brazo, pero incluso este cambio leve puede indicar el desarrollo de linfedema.

“Existen cuatro características muy importantes del linfedema que las mujeres deben tener en cuenta”, afirma la Dra. Nicole L. Stout, especialista en fisioterapia y terapeuta, profesora asistente de investigación en el West Virginia University Cancer Institute y experta en rehabilitación del cáncer. “Se manifiesta gradualmente. Suele evolucionar con lentitud. Avanza con el tiempo. Y, al principio, provoca síntomas que aparecen durante un tiempo y luego mejoran, lo que puede ser engañoso, ya que parece que todo está bien cuando en realidad no es así”.

También es posible que sientas cambios en el brazo o la parte superior del cuerpo antes de ver algún signo.

“Incluso antes de que haya inflamación visible, con frecuencia las pacientes informan sobre una sensibilidad extraña, un cambio sensorial”, explica la Dra. Stout. “Quizás sientan un hormigueo o un entumecimiento en el brazo durante uno o dos días, pero la sensación desaparece. Luego vuelve a aparecer y desaparece. Y después de una semana, se dan cuenta de que ya no les entran los anillos. Esa sensación es una parte importante de lo que nos dice el cuerpo: Algo está cambiando, hay algo diferente. Y es importante que las mujeres hagan algo al respecto. Si intervenimos a tiempo, con frecuencia podemos usar tratamientos médicos y evitar que el linfedema se convierta en una afección persistente y limitadora”.

Después de la cirugía por cáncer de mama y la radioterapia, es normal que la zona afectada se inflame. Esta inflamación aguda dura un tiempo y mejora visiblemente a media que el cuerpo se recupera.

No hay un tiempo límite fijo respecto a la duración de la inflamación aguda. Algunos médicos indican unos 3 meses, pero la Dra. Stout afirma que la inflamación aguda debería mejorar mucho antes. “Si la [inflamación ] dura más de 2 semanas después del tratamiento, [es] un indicio de sobrecarga linfática. El cuerpo nos habla: No puede manejar la carga de líquido y, si esa carga persiste, incluso [en] pequeñas cantidades, puede ‘empujar’ al cuerpo a un linfedema”.

El linfedema en el brazo y la mano suele ser el más frecuente después de la cirugía por cáncer de mama. Esto se debe a que la linfa del brazo y la mano tiene el trayecto más largo hasta los ganglios linfáticos de la axila y tiene que hacer más esfuerzo contra la gravedad para llegar hasta allí. Además, el brazo y la mano son las partes del cuerpo con mayor exposición a las tensiones del mundo exterior, como el calor, el esfuerzo y los cortes.

Si tienes alguno de los síntomas posibles de linfedema, consulta al médico, incluso si desaparecen solos. Como señala la Dra. Stout, “un poquito de inflamación nunca es un poquito”. Aunque no haya cambios visibles en la piel, los síntomas como la fiebre, la fatiga o la sensación general de malestar pueden ser un indicio de infección y también los debe revisar un médico.

Nunca es aconsejable esperar para ver si los síntomas empeoran. Cuanto más tiempo pase, mayor será la probabilidad de que se acumule linfa en el tejido y más difícil es tratarlo eficazmente.

Si alguna vez tienes inflamación grave y repentina (es decir, si la zona afectada parece inflarse a un tamaño más grande en uno o dos días), consulta al médico de inmediato. Podrías tener una infección, un coágulo de sangre (también conocido como “trombosis venosa profunda”) o una recurrencia del cáncer que afecta al sistema linfático.

Es importante saber que, a veces, los médicos o los fisioterapeutas que no tienen experiencia en linfedema pueden minimizar los síntomas, especialmente si parecen ser leves. Pero nadie conoce tu cuerpo mejor que tú. Es aconsejable buscar a alguien que tenga experiencia en el tratamiento del linfedema para poder confiar en que estás recibiendo un diagnóstico preciso.

 

Factores de riesgo del linfedema

Hay varios factores de riesgo del linfedema, algunos de los cuales puedes controlar y otros, no. Conocer los factores de riesgo puede ser útil como guía para las conversaciones con un médico, un enfermero o un terapeuta que se especialice en recuperación del cáncer de mama y control del linfedema.

Extracción de varios ganglios linfáticos

Las personas que pasan por una disección de los ganglios linfáticos axilares (DGLA) tienen riesgo alto de linfedema porque en la cirugía se extirpan varios o la mayoría de los ganglios linfáticos axilares, generalmente entre 5 y 30. El riesgo es menor para quienes se someten a una biopsia del ganglio linfático centinela, en la que generalmente se extirpan solo dos o tres ganglios linfáticos de la axila.

De acuerdo con el Instituto Nacional del Cáncer, entre 5 % y 17 % de las mujeres que pasan por este procedimiento desarrollan linfedema. En las mujeres que se someten a una disección de los ganglios linfáticos axilares, el porcentaje es de entre un 20 % y un 53 %, y el riesgo aumenta con la cantidad de ganglios extirpados. Es conveniente preguntarle al cirujano cuántos ganglios linfáticos se extirparon, independientemente del tipo de cirugía, ya que varía de persona a persona.

La extirpación de varios o la mayoría de los ganglios linfáticos también aumenta el riesgo de complicaciones, como infecciones y seromas. Un seroma es la acumulación de líquidos corporales transparentes en una zona afectada por la cirugía, como el tórax o la axila. Algunos seromas desaparecen solos, pero otros deben drenarse con una aguja. En un estudio de 2011, se descubrió que las mujeres con seromas que requieren tratamiento presentaban mayor riesgo de tener linfedema.

Pasar por varias cirugías de tórax o cirugías muy extensas en la zona

Un procedimiento quirúrgico extenso, como una mastectomía, aumenta el riesgo de linfedema más que una lumpectomía. Los expertos también consideran que pasar por varias cirugías en el tórax, ya sean para tratar el cáncer de mama u otra afecciones, puede alterar el sistema linfático y aumentar el riesgo de linfedema.

No se sabe con certeza si la reconstrucción mamaria aumenta el riesgo de linfedema. Algunos médicos observaron que las pacientes que se someten a una reconstrucción mamaria no corren mayor riesgo de tener linfedema que las que no lo hacen.

No obstante, la Dra. Stout recomienda que quienes se sometan a una reconstrucción mamaria sigan un control con un terapeuta con experiencia en linfedema. “Nunca impediría que una mujer se hiciera una reconstrucción debido a las preocupaciones por el riesgo de linfedema, pero cuando hay una respuesta inflamatoria, como ocurre después de una cirugía, existe el riesgo de carga de líquido que conduce al linfedema. Cuando mis pacientes se someten a una reconstrucción, las superviso atentamente y, si veo que hay problemas, puedo empezar con la compresión o el uso de vendajes”.

Radioterapia

Los tratamientos con radiación pueden afectar el sistema linfático. El tejido cicatricial debido a la radioterapia puede presionar o estrechar los vasos y los ganglios linfáticos restantes después de la cirugía por cáncer de mama. Este daño interfiere en la circulación de la linfa hacia fuera del brazo y la parte superior del cuerpo.

Quienes reciben radioterapia directamente en la axila suelen tener el mayor riesgo de linfedema vinculado con la radiación, ya que es el lugar donde hay mayor cantidad de ganglios linfáticos. Sin embargo, la radioterapia en la mama o el tórax también aumenta el riesgo de linfedema.

Quimioterapia

La quimioterapia puede provocar aumento de peso, lo cual puede aumentar el riesgo de linfedema.

Muchas personas que reciben quimioterapia también toman esteroides, como la dexametasona (marca comercial: Decadron), que también contribuyen al aumento de peso.

La quimioterapia también puede conducir al aumento de peso debido a los cambios hormonales, como la menopausia temporal o permanente, o la fatiga que dificulta continuar con las actividades.

La aguja que se usa para aplicar quimioterapia intravenosa también puede aumentar el riesgo de linfedema cuando se inserta en el brazo del mismo lado del que se extirparon los ganglios linfáticos. Si recibes quimioterapia por vía intravenosa como parte del plan de tratamiento, y el cirujano extirpa ganglios linfáticos de la zona debajo de un brazo, pídele al médico que inserte la aguja intravenosa en el otro brazo para las infusiones de quimioterapia, a fin de reducir el riesgo de linfedema. Si te extirpan ganglios linfáticos de ambos lados, puedes consultar a tu oncólogo sobre el uso de un puerto en el tórax.

Sobrepeso u obesidad

Las personas obesas o con sobrepeso tienen más probabilidades de padecer linfedema después del tratamiento del cáncer de mama.

Los médicos consideran que las personas con un índice de masa corporal (IMC) de entre 25 y 29,9 tienen sobrepeso, mientras que las personas con IMC de 30 o más se consideran obesas. Por ejemplo, una mujer que mide 5 ft 5 in y pesa 150 lb se considera que tiene sobrepeso. Y una mujer que mide 5 ft 5 in y pesa 180 lb o más se considera obesa. Existen varias herramientas en línea que puedes usar para calcular tu IMC, como esta de los Institutos Nacionales de la Salud.

Cuando el cuerpo tiene más grasa, el tejido adiposo necesita más vasos sanguíneos para obtener oxígeno y nutrientes. Como resultado, las zonas del cuerpo con más grasa también tienen más líquido que se debe eliminar, lo cual puede agobiar al sistema linfático y provocar linfedema.

Infección o lesión

Cuando nos lesionamos o sufrimos una infección, los tejidos corporales pueden inflamarse y exigir más al sistema linfático porque aumentan el flujo sanguíneo y la carga de líquidos. Si el sistema linfático no llega a adaptarse, se puede desencadenar un linfedema.

Puedes lesionarte si levantas algo muy pesado de repente, como una bolsa de compras, un galón de leche o un niño pequeño. Un entrenador o terapeuta especializado en linfedema te puede ayudar a fortalecer el brazo de a poco, de modo que pueda soportar cargas más pesadas después de la cirugía.

La infección puede ocurrir inmediatamente después de la cirugía o más adelante, producto de un corte infectado, la picadura de un insecto, un pinchazo o una grieta en la piel. Una infección es una preocupación especial después de la extirpación de un ganglio linfático, independientemente de si alguna vez tuviste síntomas de linfedema o no. Para muchas personas, la infección es el desencadenante del primer episodio de linfedema.

Incluso un corte pequeño que se infecta con bacterias puede derivar en un linfedema. Las bacterias que proliferan en la linfa pueden impedir que el líquido circule y hacer que se acumule en el tejido.

Si detectas un corte o una grieta en la piel, se recomienda lo siguiente:

  • Lava la zona con agua y jabón.

  • Aplica una pomada antibiótica de venta libre, como Neosporin, Polysporin, Bactroban o una pomada equivalente.

  • Cubre la zona con una venda limpia y seca, y cámbiala con frecuencia para mantener la zona limpia y cubierta hasta que sane.

  • Presta atención todos los días para detectar indicios de una infección, como enrojecimiento, inflamación, mayor temperatura o sensibilidad en la zona, o escalofríos, fiebre o fatiga (podrías notar síntomas similares a los de la gripe antes de observar cambios en la piel).

Es importante que consultes a tu médico de inmediato si crees que tienes una infección. Las personas que han tenido infecciones deben informar a sus terapeutas de linfedema, para que ellos puedan detectar si hay síntomas de linfedema o exacerbaciones.

Viajes en avión

Existen diferentes opiniones sobre si viajar en avión aumenta el riesgo de linfedema. La presión del aire es más baja en las alturas. Si bien las cabinas de los aviones están presurizadas para nuestra comodidad y seguridad, la presión sigue siendo más baja que en tierra. Según la teoría, una menor presión en la parte superior del cuerpo y las extremidades puede reducir la circulación de linfa, lo que aumenta el riesgo de acumulación en los tejidos, en especial durante vuelos largos. Otro factor posible es la cantidad de cambios de presión que atraviesan las personas cuando tienen dos o tres vuelos de conexión.

Las Investigaciones indican que es poco probable que el vuelo en avión desencadene linfedema en las personas con bajo riesgo y que no tuvieron ningún síntoma. Sin embargo, si estás planeando un viaje en avión, es conveniente informárselo al terapeuta especializado en linfedema.

Además, ten en cuenta otros factores de riesgo relacionados con los viajes. Levantar maletas muy pesadas puede provocar lesiones que deriven en linfedema. Mantener el brazo y la parte superior del cuerpo en una posición durante mucho tiempo puede reducir la salida de la linfa y provocar linfedema.

“En la comunidad de tratamiento, se habla cada vez más sobre la importancia de elaborar un perfil de riesgo para cada paciente”, dice la Dra. Stout. “Debemos identificar a las mujeres con riesgo alto y controlarlas con más cuidado para detectar indicios, síntomas y complicaciones del linfedema, pero también debemos darnos cuenta de que siempre habrá mujeres atípicas que parecen tener bajo riesgo y aun así tienen linfedema”.

Es importante recordar que, incluso si se considera que tienes un bajo riesgo de linfedema, esto no significa que el riesgo sea inexistente. Igual deberías tomar precauciones para evitar el linfedema y obtener ayuda de inmediato si observas algún indicio o síntoma.

 

Reducción del riesgo y las exacerbaciones del linfedema

El mejor momento para empezar a tomar medidas para reducir el riesgo de linfedema es antes de la cirugía por cáncer de mama, pero esto no siempre es posible.

La buena noticia es que, incluso si no sabes sobre el linfedema desde el principio, aún hay pasos que puedes seguir para reducir tu riesgo. Incluso si ya tienes un diagnóstico de linfedema, hay medidas que puedes tomar para evitar que empeore.

Más información
 

Cómo buscar a un especialista en linfedema

Los especialistas en linfedema son profesionales de atención sanitaria con experiencia en el diagnóstico, el tratamiento y el manejo del linfedema. Entre ellos se incluyen:

  • especialistas en medicina física (fisiatras)

  • enfermeros

  • fisioterapeutas

  • terapeutas ocupacionales

  • masajistas

Si has recibido o recibirás un tratamiento del cáncer de mama que te ponga en riesgo de tener linfedema, o si presentas síntomas, habla con tu médico sobre cómo encontrar un especialista en linfedema con experiencia.

Cuando comiences la búsqueda, lo ideal es buscar alguien que tenga experiencia y sea un terapeuta certificado para el linfedema. De todas maneras, es importante saber que no existe un único conjunto de normas acordadas para esta certificación. Por ejemplo, hay profesionales capacitados que son muy buenos para tratar el linfedema vinculado con el cáncer de mama y que no tienen una certificación.

La mejor manera de encontrar un especialista en linfedema es pedirle a tu médico, centro de tratamiento o programa hospitalario para el cáncer que te recomiende un proveedor especializado en linfedema vinculado con el cáncer de mama. También puedes buscar un especialista en linfedema en los directorios en línea de la National Lymphedema Network (NLN) y la Asociación de Linfología de América del Norte (LANA, siglas en inglés).

Preguntas que debes hacer al especialista en linfedema

Estas son algunas preguntas que te ayudarán a mejorar tu búsqueda de un especialista en linfedema:

  • ¿Es médico clínico, enfermero, fisioterapeuta o terapeuta ocupacional, masajista u otro tipo de terapeuta de rehabilitación? ¿Cuánto hace que ejerce?

  • ¿Recibió capacitación específica en todos los elementos de la terapia descongestiva compleja, como el drenaje linfático manual, la colocación de vendajes y la compresión?

  • ¿Cuándo y dónde completó su capacitación para el control y el tratamiento del linfedema?

  • ¿Recibe capacitación profesional continua sobre el linfedema?

  • ¿Cuánto le dedica al control del linfedema después del tratamiento del cáncer de mama? ¿A cuántas personas con cáncer de mama atiende en una semana típica?

  • ¿Tiene experiencia en el ajuste de mangas y prendas de compresión, o me puede recomendar a alguien que lo haga y trabaje en su empresa de servicio médico?

  • ¿Qué tipos de seguro de salud acepta?

  • ¿Tendría algún inconveniente en que hable con algunos de sus pacientes actuales?

Si vives en una zona alejada, puede ser más complicado encontrar un especialista en linfedema cerca de tu casa. Intenta buscar a alguien que viva cerca y que pueda ofrecerte una primera consulta y atención de seguimiento.

 

Evaluación del linfedema: Qué puedes esperar durante la consulta

El especialista en linfedema hace una evaluación para identificar si tienes linfedema y si es un caso leve, moderado o grave. En la primera consulta, es importante que respondas todas las preguntas del especialista en linfedema para que, entre los dos, puedan elegir las mejores opciones de tratamiento para ti.

Infórmale al especialista en linfedema todos tus antecedentes médicos y con el cáncer de mama. Aporta detalles específicos, más allá de cuánto tiempo haya pasado desde que recibiste tu diagnóstico, e incluye el tipo y la ubicación del cáncer de mama, la cantidad de ganglios linfáticos extirpados, el tipo de cirugía realizada y otros tratamientos que hayas recibido, como radioterapia o quimioterapia. De ser posible, lleva tu historia clínica.

Cuéntale al especialista sobre los síntomas que hayas notado, como pesadez, cosquilleo o inflamación. También tiene sentido informarle a tu terapeuta si notas síntomas cuando haces ejercicio o cuando hace mucho calor. Estas actividades pueden provocar un aumento de la producción de linfa. La Dra. Andrea Cheville, psiquiatra de la Clínica Mayo, recomienda llevar un diario de los síntomas para mostrárselo al especialista.

Infórmale al especialista si sientes dolor en la zona afectada, cómo es el dolor y qué intensidad tiene, además de cuánto dura. “A veces, si hay inflamación en el brazo, [esto] genera mayor producción de linfa, y si podemos solucionar eso, entonces podemos solucionar el problema”, afirma la Dra. Cheville.

Dile al especialista si haces ejercicio, cómo es tu dieta y cuánto pesas. La Dra. Cheville explica lo siguiente: “Esto se hace para conocer a la persona: ¿Es activa? ¿Hace ejercicio? ¿Tiene sobrepeso? ¿Tiene muchos otros factores de riesgo de linfedema que no se relacionan con el tratamiento del cáncer de mama? ¿Estos factores la ponen en un mayor riesgo de tener linfedema y, lo que es más importante, de linfedema grave?”.

El especialista en linfedema luego te examinará para ver si hay cambios en la piel y los tejidos blandos de la zona afectada. Esto suele incluir un examen manual (denominado “palpación”) para detectar indicios de fibrosis o cicatrización del tejido blando debajo de la piel.

El especialista también mide la circunferencia (el contorno) de tu mano, tu muñeca, tu brazo o tu antebrazo. Es importante tomar estas medidas en los mismos lugares a intervalos regulares para que el especialista pueda comparar los valores a lo largo del tiempo y observar si hay cambios. El especialista luego puede comparar estas mediciones con las mediciones iniciales tomadas antes de la cirugía o con mediciones del brazo no afectado.

La forma más habitual de evaluar la presencia de linfedema es tomar estas medidas de la circunferencia. Sin embargo, es importante saber que las mediciones no se usan para evaluar el linfedema en el tórax, la mama o el torso. En estos casos, el especialista hace un examen físico y evalúa los síntomas que hayas tenido.

Si tienes inflamación grave repentina, el especialista en linfedema debe descartar otras causas posibles de los síntomas. En estos casos, los especialistas usan una resonancia magnética, una tomografía computarizada o una ecografía para comprobar si hay una posible recurrencia del cáncer de mama, trombosis venosa profunda (coágulo sanguíneo) o infección.

Generalmente, los especialistas pueden [diagnosticar el linfedema] usando las mediciones que toman y la lista de síntomas informados, pero, en algunos casos, necesitan hacer análisis adicionales antes de llegar a un diagnóstico. Estos análisis también pueden ayudarlos a controlar la respuesta al tratamiento del linfedema. Los análisis pueden incluir lo siguiente:

  • Volumetría optoelectrónica de la extremidad: En esta técnica, también llamada “perometría infrarroja”, se usa un escáner electrónico óptico infrarrojo para calcular el volumen de los dos brazos y compararlos. Se coloca cada brazo en un bastidor que emite rayos infrarrojos hacia el interior desde varios ángulos. A continuación, una computadora procesa la información obtenida para calcular el volumen de cada brazo y permitir que el especialista los compare.

  • Análisis de impedancia bioeléctrica (AIB): En vez de medir el volumen del brazo, el análisis de impedancia bioeléctrica detecta la cantidad de líquido en los brazos. El dispositivo de análisis pasa una corriente eléctrica mínima e indolora por los brazos y mide la resistencia a la corriente. El dispositivo mide todo el largo de los dos brazos. Cuanto mayor es el contenido de líquido en los espacios entre los tejidos (también conocido como “líquido intersticial”), menor es la resistencia.

  • Estudios de imágenes: Las resonancias magnéticas y las tomografías computarizadas pueden ayudar a los especialistas a evaluar cambios relacionados con el linfedema en el tejido blando. En algunos casos, los especialistas pueden indicar una linfogammagrafía. Los especialistas inyectan cantidades pequeñas de material radioactivo en la mano o el antebrazo, el cual luego ingresa al sistema linfático. Esta técnica de medicina nuclear genera imágenes que le permiten al especialista identificar si hay bloqueos que pudieran provocar el linfedema.

Hay dos análisis más antiguos que podrías encontrar si formas parte de un estudio de investigación sobre el linfedema.

En la prueba de desplazamiento de agua, debes colocar cada brazo en un cilindro grande lleno de agua. Los investigadores miden la cantidad de agua que sale para ver si un brazo hizo salir más agua que el otro.

En la tonometría, se presiona un tonómetro sobre la piel para medir la cantidad de fuerza que se necesita para dejar una marca en el tejido. Los resultados pueden ayudar a determinar el grado de firmeza o fibrosis (cicatrización del tejido) debajo de la piel. Los tonómetros originales eran dispositivos mecánicos con diales, pero ya no se fabrican. Los tonómetros electrónicos más modernos proporcionan lecturas digitales, y todavía se está evaluando su precisión y facilidad de uso en ensayos clínicos.

 

Diagnóstico del linfedema

Los criterios para diagnosticar el linfedema pueden variar según el especialista. Por ejemplo, algunos especialistas consideran que un aumento de 2 cm en la circunferencia de la mano y el brazo afectados es un signo de linfedema temprano. Otros especialistas consideran que una diferencia de volumen de 200 mililitros entre el brazo afectado y el otro es un signo de linfedema temprano.

Sin embargo, al hacer un diagnóstico, los especialistas en linfedema no solo observan las mediciones de tamaño y volumen, sino también el aspecto de la zona afectada.

“Es posible que no haya cambios en el tamaño o el volumen del brazo, pero puede ser que la mano esté un poco inflamada o el brazo tenga depresiones”, explica la Dra. Cheville. “Por eso, es importante no concentrarse solo en las mediciones del brazo, ya que eso puede generar una falsa idea de seguridad. También se debe prestar atención al brazo y a la pérdida de lo que llamamos ‘arquitectura anatómica’ (la incapacidad de ver las venas y los tendones del brazo con claridad, o nudillos menos pronunciados o piel menos arrugada y con aspecto más joven)”.

La doctora Cheville trabajó en un panel de especialistas del Instituto Nacional del Cáncer (NCI) en el que se elaboraron pautas para definir el linfedema. Con el apoyo del NCI, los investigadores usan estas pautas como base para diagnosticar linfedema. El sistema asigna un grado de linfedema y fibrosis vinculada con el linfedema (engrosamiento o cicatrización del tejido). Este grado se basa en las mediciones y también en los cambios de aspecto.

Aún así, este sistema de grados se usa fundamentalmente en estudios clínicos. Es más probable que el especialista en linfedema use los siguientes estadios de la Sociedad Internacional de Linfología para diagnosticar el linfedema:

  • Estadio 0 (latente o asintomático): Sin edema visible (inflamación) o depresiones (hundimientos temporales de la piel después de presionarla). Sin embargo, puedes notar un hormigueo leve o una pesadez o rigidez leve. Puedes tener linfedema en estadio 0 durante meses o años antes de que aparezcan síntomas evidentes.

  • Estadio 1 (linfedema incipiente o leve): Hay inflamación visible debido a que la linfa comienza a acumularse. Aunque se forma una hendidura temporal (o pequeño hoyo) al presionar la piel, no hay daño permanente en la piel ni los tejidos subyacentes. Si tienes el brazo inflamado, es posible que vuelva a la normalidad cuando lo elevas. Los especialistas consideran que este linfedema incipiente es reversible.

  • Estadio 2 (linfedema moderado): Hay inflamación visible, generalmente con depresiones. Elevar la zona afectada no la alivia. Esto significa que hay inflamación, endurecimiento o engrosamiento del tejido debajo de la piel. Cuando la cicatrización de tejido blando debajo de la piel empeora, las depresiones podría desaparecer. El especialista puede ayudarte a controlar el linfedema de estadio 2 con tratamiento, pero el daño del tejido es irreversible.

  • Estadio 3 (linfedema grave): Este es el estadio más avanzado, pero es relativamente poco frecuente en las personas con diagnóstico de cáncer de mama. Hay inflamación visible, y la zona afectada se agranda y se deforma. La piel se endurece y engrosa tanto que no hay depresiones, y la linfa puede filtrarse a través del tejido dañado.

Una vez que tuviste linfedema leve, corres mayor riesgo de padecer linfedema moderado que una persona que nunca tuvo ningún síntoma, aunque tus síntomas desaparezcan con el tratamiento.

“Hay efectos secundarios del tratamiento del cáncer de mama que son privados y que el resto del mundo no ve. Al mismo tiempo, hay otros que son públicos y visibles, como la pérdida del cabello por la quimioterapia y los cambios corporales debido a la cirugía; el linfedema entra en esta categoría”, explica la Dra. Weiss. “Pero, a diferencia de esos otros efectos secundarios, el linfedema suele ser inesperado. De modo que, cuando ocurre, es como si echaran sal en la herida, en especial si las mujeres no recibieron mucha información al respecto”.

Es importante destacar que el linfedema es diferente del síndrome de red axilar.

Aunque tanto el linfedema como el síndrome de red axilar están relacionados con la extirpación de ganglios linfáticos, son producto de dos procesos diferentes:

  • El linfedema se debe a la acumulación de líquido en el tejido blando.

  • El síndrome de red axilar se debe a la cicatrización (o inflamación) de los vasos sanguíneos o linfáticos en la zona de la axila.

Algunos especialistas creen que este síndrome puede aumentar el riesgo de tener linfedema más adelante, pero se necesita más investigación.

 

Cómo crear tu plan de tratamiento para el linfedema

Hay varias opciones de tratamiento para el linfedema, y cada una depende de varios factores específicos de tu situación. Es buena idea hablar con tu especialista en linfedema para crear un plan adecuado para ti.

Estos son algunos de los factores que podrían influir en tu plan de tratamiento:

La gravedad del linfedema

El linfedema leve que causa inflamación menor generalmente requiere menos tratamiento que el linfedema en estadio más avanzado que causa inflamación evidente y fibrosis (cicatrización del tejido blando).

Es importante saber que los tratamientos pueden ayudar a aliviar incluso la inflamación provocada por el linfedema en estadio avanzado. Y también es importante tener en cuenta que incluso el linfedema menor requiere atención.

Desencadenantes del linfedema

Una vez que desarrollas linfedema, aunque sea leve, cualquier situación que aumente la producción de linfa en el cuerpo puede desencadenar síntomas.

Los desencadenantes pueden variar de persona a persona. Por ejemplo, algunas personas padecen exacerbaciones del linfedema cuando hace calor, mientras que otras las padecen cuando usan los brazos más de lo habitual.

Otros desencadenantes del linfedema son las quemaduras solares, cargar mucho peso, pasar mucho tiempo de pie, presión en las extremidades debido a prendas o joyas muy ajustadas, infecciones de la piel, picaduras de insectos, inyecciones y heridas o lesiones en la extremidad afectada.

Cobertura de seguro de salud y costos por cuenta propia

Los planes de los seguros de salud no siempre cubren los tratamientos para el linfedema. Es aconsejable averiguar qué cubre exactamente tu plan.

Por ejemplo, un plan de salud puede cubrir una cantidad determinada de consultas con un especialista en linfedema, pero no una manga de compresión. Si el costo es un problema, habla con tu equipo médico. Probablemente puedan darte consejos y sugerencias útiles.

Dificultades para el transporte

Algunos planes de tratamiento pueden implicar consultas diarias con el especialista en linfedema durante varias semanas. Aplicar un enfoque de tratamiento intenso al principio puede ser determinante a largo plazo. Sin embargo, para algunas personas puede ser difícil cumplir con tantas consultas, ya sea por sus responsabilidades en el hogar o el trabajo o por la falta de un transporte adecuado.

Si llegar a las consultas te resulta difícil, lo mejor es decírselo al especialista en linfedema para que puedan armar un cronograma más realista y práctico para ti.

“Existen muchas otras opciones entre no hacer nada y el estándar de cuidado completo. En todos los casos, es mejor hacer algo que no hacer nada, y siempre se puede adaptar el plan para que satisfaga las necesidades de cada paciente”, agrega la Dra. Stout.

Tu nivel de actividad

El ejercicio suele ser una parte importante del plan de tratamiento del linfedema. En un principio, es probable que el especialista en linfedema te indique hacer ejercicios moderados de estiramiento y amplitud de movimiento para que los músculos se contraigan y se relajen. Estos ejercicios pueden favorecer la circulación del sistema linfático.

“Entre algunos ejemplos se incluye cerrar y abrir la mano, girar las muñecas, o extender y flexionar el codo despacio”, dice la Dra. Cheville.

Si no hacías actividad física antes del diagnóstico de linfedema o tienes problemas de movilidad, infórmaselo al especialista en linfedema para que diseñe un plan adecuado para ti.

Tus objetivos de tratamiento

Al crear un plan de tratamiento con tu especialista en linfedema, es importante tener en cuenta tus expectativas.

Algunas personas necesitan tratamiento de forma intermitente durante el resto de la vida, mientras que otras solo necesitan tratamiento durante algunas semanas. Algunas personas prefieren un enfoque intenso, mientras que otras prefieren uno adaptado a su rutina diaria habitual.

Además, una vez que comienzas tu plan de tratamiento, puedes cambiar de idea y adaptar el plan a tus necesidades. Por ejemplo, puedes decidir que preferirías no usar una manga de compresión mientras duermes.

 

Tratamientos para el linfedema

Existen muchos tratamientos quirúrgicos y no quirúrgicos para el linfedema que deben tenerse en cuenta. Es conveniente revisar todas las opciones posibles con tu especialista en linfedema para que puedas decidir qué tratamientos funcionarían mejor para ti.

Más información
 

Reconstrucción mamaria y otros tratamientos después del diagnóstico de linfedema

Es buena idea hablar con un especialista en linfedema si planeas someterte a una cirugía de reconstrucción mamaria (o cualquier otro tipo de procedimiento quirúrgico) después del diagnóstico de linfedema.

Incluso si la cirugía será en el lado opuesto al que presenta los síntomas de linfedema, es normal pensar que la cirugía podría desencadenar linfedema de ese lado también.

El especialista en linfedema puede ayudarte a prepararte para la cirugía y aconsejarte sobre las preguntas que debes hacerle al cirujano antes del procedimiento. El especialista puede controlarte para ver si la cirugía desencadena síntomas de linfedema y aconsejar si es conveniente hacer un drenaje linfático manual, aplicar vendas en la zona afectada o usar prendas de compresión, con el objetivo de evitar que la linfa y el líquido se acumulen nuevamente en la zona.

Antes del procedimiento, es importante informarle al cirujano que recibes tratamiento para el linfedema. Es conveniente preguntarle al cirujano si hay alguna forma de evitar o minimizar el daño al sistema linfático.

No está claro si la cirugía de reconstrucción mamaria aumenta el riesgo de linfedema o sus exacerbaciones. Tampoco es claro si la cirugía de reconstrucción mamaria puede empeorar los síntomas de linfedema en personas que ya recibieron un diagnóstico. Algo que sabemos es que la cirugía puede causar una inflamación que envía más líquido a la zona afectada, lo cual puede aumentar el riesgo de exacerbación del linfedema. Por eso, es importante asegurarte de que el especialista en linfedema forme parte del proceso de la cirugía, para que pueda adecuar el plan de tratamiento según sea necesario.

 

Linfedema y trabajo

Cuando regreses al trabajo después de la cirugía por cáncer de mama, es importante que uses protección contra lesiones o exposición a sustancias fuertes. Las personas que trabajan como chef, jardinera, médica o cirujana, química o investigadora, y florista, por ejemplo, deben usar guantes de protección.

También es importante tomar precauciones si tienes que usar el brazo, la mano o la parte superior del cuerpo en el trabajo para levantar, buscar, empujar o halar algo repetidas veces o con intensidad. Las maestras de guardería, ayudantes de enfermería, limpiadoras, repartidoras de paquetes o correspondencia, trabajadoras en una línea de montaje, trabajadoras de la construcción y meseras pueden tener un mayor riesgo de linfedema o exacerbaciones del linfedema porque usan activamente sus extremidades todo el día.

Una manera clave de prepararte para regresar al trabajo sin riesgos es trabajar con tu especialista en linfedema para fortalecer la zona afectada gradualmente y ponerte en forma para las tareas laborales. Nunca es aconsejable regresar directamente a las actividades pesadas con los brazos y la parte superior del cuerpo poco tiempo después de la cirugía. Cada caso es diferente, pero suele llevar entre seis semanas y dos meses recuperar el estado, afirma la Dra. Stout.

Es aconsejable entregarle al empleador una nota del médico o el especialista en linfedema para explicar lo siguiente:

  • Se te ha diagnosticado linfedema.

  • El linfedema puede ser una complicación del tratamiento del cáncer de mama.

  • Puedes necesitar un cambio temporal de funciones mientras recuperas la fuerza en la zona afectada.

Es posible que también te corresponda tomarte una licencia mientras te recuperas, ya sea porque tu empleador ofrece un seguro por incapacidad a corto plazo o de acuerdo con la Ley de Licencia Familiar y Médica.

Si tu especialista en linfedema te recomienda que uses una manga o una prenda de compresión como precaución, es posible que tus colegas sientan curiosidad y te pregunten al respecto. Es aconsejable que pienses sobre cuán cómoda te sientes para responder a esas preguntas.

 
 

— Se actualizó por última vez el 30 de julio de 2022, 14:55

Revisado por 5 advisers médicos
 
Jane Armer, PhD, RN, FAAN
Andrea Cheville, MD, MSCE
Mayo Clinic, Rochester, MN
Linda T. Miller, PT, DPT, CLT
Kathryn Schmitz, PhD, MPH
Penn State University College of Medicine, Hershey, PA
Nicole Stout, MPT, CLT-LANA
West Virginia University Cancer Institute, Morgantown, WV
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