La historia de Jenna: Afrontar el diagnóstico y el tratamiento durante el embarazo

Temiendo por la seguridad de su bebé, Jenna se debatió sobre cómo seguir adelante con el tratamiento.
Jenna headshot

Jenna es miembro de la comunidad de Breastcancer.org en Bethel, Connecticut, EE. UU.

Pensé que era un conducto lácteo obstruido. Soy una mujer sana de 34 años, así que lo último que esperaba era un diagnóstico de cáncer. Descubrí un bulto una mañana mientras me preparaba para ir a trabajar y se lo comenté a mi ginecólogo, que me mandó hacer una ecografía al día siguiente. Por la expresión de la cara del ecografista, me di cuenta de que no era nada bueno. Ese mismo día fui a que me hicieran una biopsia de urgencia. Llamé a mi marido y fuimos juntos a que me hicieran la biopsia y vimos a un cirujano mamario momentos después. Todo sucedió muy rápido.

Dos días después, recibimos la llamada que cambiaría mi vida. Tengo cáncer de mama y necesito empezar quimioterapia de inmediato porque el cáncer se ha extendido a los ganglios linfáticos. Recibí una segunda opinión y ese médico dijo lo mismo. Tanto el oncólogo como mis médicos obstetras me aseguraron que el medicamento de quimioterapia no es perjudicial para mi bebé y que, si no lo empiezo ahora, corro el riesgo de que el cáncer se extienda más, ya que se está alimentando de mi alto nivel de estrógeno (positivo para RE). Además, debido al embarazo, no pudieron realizar más pruebas de imagen para ver si el cáncer se había extendido.

Mi marido y yo tomamos una dura decisión y empecé la quimioterapia a las 32 semanas de embarazo. Me anticipé a la pérdida de cabello, así que me corté mi preciosa y larga melena rizada y la doné a la Fundación contra el Cáncer Infantil antes de que se cayera sola. Me dijeron que no podía recolectar mis óvulos por estar embarazada y que posiblemente no podría tener más hijos. También voy a perder mis pechos, una parte íntima de mi cuerpo.

Di a luz a las 37 semanas de embarazo a un niño sano. Me sometí a 10 rondas de quimioterapia intensiva y experimenté graves efectos secundarios y reacciones alérgicas. Conté con la ayuda de familiares y amigos, pero soy madre de un niño de 2 años, y ahora de un recién nacido, y aún así tuve que desempeñar ese papel a pesar de todo lo que estaba pasando.

Perdí mi identidad cuando se me cayó todo el pelo del cuerpo y los medicamentos de la quimio me hicieron aumentar de peso. Además de luchar contra el cáncer, mi cuerpo se estaba recuperando del parto. Mi hijo me necesitaba, así que estaba a su lado todas las noches a pesar de sentirme enferma o con un fuerte dolor. Rezaba mucho cada día y tenía una comunidad de apoyo a través de las redes sociales, mi ciudad natal, mi ciudad actual, compañeros de trabajo anteriores y actuales, amigos y familiares.

Después de la quimio, quería recuperar el control sobre mi cuerpo, así que empecé a hacer ejercicio. Me sometí a una mastectomía doble y me realizarán una cirugía reconstructiva. Los entrenamientos me ayudaron enormemente en mi recuperación. Lo mejor fue poder volver a alzar a mis hijos en brazos.

El próximo paso de mi tratamiento requerirá que me someta a cirugía reconstructiva y que comience una terapia hormonal que durará 10 años o más. El fármaco hormonal es tamoxifeno y viene acompañado de muchos efectos secundarios indeseables, incluyendo síntomas de menopausia (la menopausia a los 34 años es difícil de sobrellevar). Como mujer que siempre se ha preocupado por la salud y el peso, este medicamento me obligará a seguir una dieta estricta con ejercicio regular y control médico. A medida que me va creciendo el cabello y hago ejercicio con regularidad y sigo una dieta muy sana, voy recuperando mi sentido de la identidad. Es una nueva identidad a la que ahora estoy aprendiendo a dar forma y a aceptar. No quiero tomar esta medicación, pero sé que necesito ser la mejor madre posible para mis hijos y la mejor esposa para mi marido. Quiero vivir tanto como sea humanamente posible y haré lo que haga falta.